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México: la violencia narcotraficante se adueñó del territorio

770 mx soldado muertoMéxico DF - La violencia en general, con la evasión de prisión del narcotraficante Joaquín Guzmán, alias El Chapo, y el aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes en Iguala, concentra la atención informativa en México.

Los carteles de narcotraficantes se adueñaron del país. La guerra entre ellos por el dominio de territorios es moneda corriente. Frente a ello, la actitud del Estado es, en parte, de impotencia y, en parte, de complicidad, sobre todo a nivel de alcaldes y de algunos gobiernos estaduales.

Para el gobierno mexicano del presidente Enrique Peña Nieto recapturar a El Chapo, luego de su espectacular evasión el 11 de julio de 2015, pasó a convertirse en la máxima prioridad. De allí, la persecución entablada estos días sobre el narcotraficante en la Sierra Madre mexicana, tanto en el Estado de Durango como el de Sinaloa, el territorio de El Chapo.

En la búsqueda, el Estado no emplea elementos policiales, ni del Ejército, sino efectivos de la Marina. No existe explicación oficial al respecto, pero no es difícil imaginar que es para evitar eventuales complicidades dada la penetración narco en ambas instituciones.

Desde helicópteros artillados, la marina mexicana lanza verdaderas lluvias de balas sobre los lugares donde se sospecha que está refugiado El Chapo.

Por su parte, el gobierno dio a conocer un extraño comunicado donde afirma que el jefe narco logró huir cuando estuvo a punto de ser capturado y que, en su huida, sufrió lastimaduras en el rostro y en una pierna.

En las montañas de Sinaloa, donde se cree que está refugiado, El Chapo es un verdadero ídolo de los campesinos a quienes emplea y recibe el apoyo de la población local.

Junto a la fuga de El Chapo, no cede la demanda por el esclarecimiento de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas ocurrida hace poco más de un año, el 26 de setiembre de 2014, en Iguala, estado de Guerrero.

Es que, hasta el momento, solo fue identificado, prueba de ADN mediante, un único cadáver y, “probablemente”, un segundo cadáver está en vías de serlo.

Del resto, nada se sabe. Un expediente que contiene 54 mil fojas de investigación publicado en el sitio Internet de la procuradora general Arely Cómez, contradice la investigación oficial que llevó a cabo su antecesor, el ex procurador Jesús Murillo Karam.

Varios presuntos asesinos confiesan haber matado a algunos de los estudiantes en lugares diferentes. Los presuntos asesinos pertenecen al cartel de Guerreros Unidos. Por tanto, desmienten la hipótesis oficial que todos fueron ejecutados a la vez y sus cadáveres incinerados.

Según la versión de Murillo, los estudiantes llegaron a Iguala para apropiarse de un autobús y para recaudar fondos a fin de viajar a la Ciudad de México para participar de una manifestación.

Fueron detenidos por policías municipales que los libraron a miembros del cartel Guerreros Unidos, quienes los habrían “confundido” –según la versión oficial- como integrantes de un cartel rival, razón por las que los mataron e incineraron en un basural de Cocula, a 240 kilómetros de Ciudad de México.

Los familiares de desaparecidos y distintas organizaciones de derechos humanos nunca aceptaron la versión y acusaron al ex procurador de desviar la investigación.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos salió al cruce de esta explicación al indicar que ninguna prueba había sido exhibida respecto de la incineración.

Sus integrantes solicitaron además que se investiguen nuevas pistas, en particular, la que señala que el micro del que se apoderaron los estudiantes contenía –inadvertidamente para los jóvenes- heroína. De allí, la razón de las desapariciones.

Quizás un buen panorama de la situación mexicana es brindado por la situación en la otrora resplandeciente ciudad balnearia de Acapulco.

Destino de las vedettes cinematográficas en la década de 1950, hoy ya no recibe extranjeros, producto de la violencia que genera un promedio de más de dos muertes al día.

De los 30 mil estudiantes norteamericanos que pasaban su “vacación de primavera” en Acapulco, en 2009, hoy solo se registra la llegada de 500.

De los 150 cruceros marítimos que llegaban al puerto anualmente en 2009, solo siete lo hicieron en 2015. Al menos, 900 comercios cerraron sus puertas.

El 88,5 por ciento de los habitantes de Acapulco declaran sentirse afectados por la inseguridad.

Fuente: agencias/www.visionfederal.com 

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