Menu
RSS

btedicion

Con Obama y sin el Papa, la administración Macri practica el "juego de la Oca"

1100 juego ocaVFN - El gobierno avanza y retrocede. Sobre todo en el área económico-social. Avanza en la negociación con los docentes para después desacelerar y retornar a fojas cero. Avanza en la relación con los sindicatos con la promesa de una nueva escala del Impuesto a las Ganancias para después arrepentirse. Cierto es que resulta más que válido dar marcha atrás cuando uno reconoce que se equivoca, pero no es bueno poner la reversa día por medio. Es demasiado. La reflexión debe preceder a la actuación y no lo contrario.

Ocurre que, a esta altura del partido, resulta obvio que el gobierno del presidente Mauricio Macri no dimensionó correctamente la herencia kirchnerista y entre los rubros de dicha herencia, el de la inflación en particular.

No se trata de un no dimensionamiento ingenuo. Puede parecerlo pero no es así. Es más que nada el empecinamiento en las hipótesis comunicacionales del asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba que sostiene, a rajatabla, su convencimiento sobre los deseos de “la gente”.

Para Durán Barba, nadie o casi nadie desea escuchar nada del pasado. Todo el mundo solo quiere mirar al futuro. Al mañana. Las “pálidas” de otrora ni siquiera deben ser guardadas en el arcón de los recuerdos.

Munido de dicha teoría cualquiera puede no solo no hablar del pasado, sino considerarlo inocuo o neutro. Y si es inocuo o neutro, no resulta una fuente, al menos central, de preocupación.

Cierto es que Durán Barba fue exitoso a la hora de colaborar para que Mauricio Macri y María Eugenia Vidal coronasen la cima en una escalada de pendientes agudas. Pero llegar suele ser distinto a mantenerse y eso no parece del todo comprendido.

Si no se informa a la población sobre la gravedad de los desaguisados y la corrupción del pasado, resultará cada día más difícil imaginar que las dificultades del presente conforman la consecuencia inevitable de un tiempo nefasto.

De no corregir el discurso, la inflación, el aumento de tarifas, los cortes de luz, el deterioro de los caminos, las dificultades en las comunicaciones, el desastre educativo y demás yerbas se deberán al mal gobierno macrista y a la mala administración vidalista.

Pero, más allá de lo comunicacional, borrar el pasado lleva inevitablemente a subestimarlo. Así la inflación pierde importancia. En consecuencia, en aras de una gobernabilidad mal entendida con el peronismo, con los sindicatos y con algunas organizaciones sociales, se soslaya la nocividad de la inflación y se comprometen decisiones sobre las que después hay que dar marcha atrás.

Docentes y Ganancias

Pasó con el incremento a los docentes y pasó con la modificación de las escalas del Impuesto a las Ganancias para las personas con relación de dependencia.

Con los docentes, el ministro Esteban Bullrich ofreció un 32 por ciento –el 40 por ciento que algunos dijeron solo alcanzaba al sueldo inicial- pero la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, solo está en condiciones de pagar un 25 por ciento.

Otro tanto ocurrió en muchas provincias. Ahora el gobierno clama por la responsabilidad de los docentes. Tarde. Debió haber concientizado sobre la batalla contra la inflación. No lo hizo. Por ende, la inflación no constituye una preocupación docente.

Al contexto “neutro” se agrega el mal manejo focalizado. Bullrich ahora intenta explicar que no va a firmar el acuerdo que promovió hasta que no firmen los gobiernos provinciales.

Pone así el carro delante del caballo. Históricamente, el gobierno nacional acuerda un incremento “modelo” con los docentes que luego es, con sus más y con sus menos, replicado a nivel de las provincias.

Ahora, después de negociar y de aceptar el 32 por ciento, Bullrich pretende que los provinciales acuerden, para luego firmar a su vez.

Cambia el turno. La Nación no cuenta, en la práctica, con docentes a sueldo. La casi totalidad del personas evidencia relación de dependencia con las provincias. Por ende, lo nacional es solo indicativo. Y en este caso, indicó muy mal.

Veremos cómo se despejan las incógnitas. Lo más probable es que los gobiernos provinciales se acerquen a un incremento del 25 por ciento y que cualquier diferencia por encima sea oblada por la Nación.

En otras palabras, más gasto público y, en consecuencia, mayor dificultad para combatir la inflación.

Del lado del Impuesto a las Ganancias, la conclusión es la misma aunque se arriba a ella por la vía contraria.

El anuncio inicial de una reformulación de las escalas también reconoce un origen de menoscabo de la inflación.

Por supuesto que era y es correcto cambiar las escalas, así como es correcto mantener la elevación a 30 mil pesos mensuales para el mínimo no imponible correspondiente a un trabajador con familia tipo.

El problema es si las arcas del Estado estaban en condiciones de soportarlo. Y, la conclusión, tardía por cierto, fue que no.

Claro que resulta lícito preguntarse por qué la escala del Impuesto a las Ganancias no, y las retenciones agropecuarias, sí. O por qué el aumento de las tarifas eléctricas junto a la eliminación de las retenciones mineras.

Todo ello merece explicaciones que las hay, pero el gobierno explica poco y explica mal. Por aquello de las buenas futuras, barre bajo la alfombra el pasado y subestima el presente.

Así, de a poco pierde crédito popular. Un crédito popular que es el origen de la gobernabilidad. Muy por encima de algunos acuerdos, aún si resultan válidos y necesarios.

En aras de una comparación que el gobierno no le recuerda, la sociedad continúa dispuesta a aceptar algunos precios a pagar como consecuencia del desastroso y bochornoso pasado. Pero todo tiene un límite.

Obama y los buitres

No pudo ser una noticia mejor. La próxima llegada al país del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, es un hecho trascendente que corona la reinserción de la Argentina en la comunidad internacional.

Representa el fin del aislamiento y constituye la señal imprescindible para recolocar al país dentro de los mercados financieros internacionales.

Cierto es que aún resta destrabar el ya no tan trabado asunto de la deuda con los acreedores que no aceptaron ninguno de los dos canjes de bonos de la deuda externa. Pero, hasta la actitud de los más duros cambió.

El juez Thomas Griessa, otrora particularmente enojado con un gobierno argentino que poco menos que pretendía desconocerlo, ahora se torna duro con los pocos fondos que se mantienen, aunque ya no tanto, intransigentes.

¿Si una cosa va de la mano con la otra? Sí, claro. Pero, por sobre todas las cosas, es consecuencia de la decisión de los argentinos de votar a un gobierno que comprende la necesidad de devolver seriedad y previsibilidad al país.

¿Es imaginable que los Estados Unidos elijan a la Argentina como un país líder en América Latina? Pese a los buenos augurios, no por ahora.

Cierto es que los dos grandes países de la región, Brasil y México, padecen dificultades que desdibujan sus roles respectivos.

Brasil atraviesa una etapa recesiva –la Argentina también-, unida con la inestabilidad de un gobierno que se tambalea en función de la corrupción. A México, lo posterga el drama del narcotráfico que ya se adueñó de buena parte del país.

Con todo, los tamaños de las economías brasileña y mexicana resultan argumentos suficientes para imaginar solo un rol de acompañante privilegiado para la Argentina.

Con un Chile cada vez más volcado a su orientación al Océano Pacífico, la Argentina junto a Colombia emergen como las reservas de una región que aún no alcanza un peso específico propio.

Como sea, la nueva política exterior argentina ya produjo resultados. Desde lo simbólico, la visita que efectuó el primer ministro de Italia, Matteo Renzi; la que efectuará la próxima semana, el presidente francés Francois Hollande y la ya mencionada, para fines de marzo, de Obama.

Alguien relativizará todo en función del momento –último año de un mandato de ocho- del presidente de los Estados Unidos. Alguien intentará –obviamente los K- responsabilizar a Obama por los crímenes de los militares argentinos hace más de 35 años.

Ni lo primero desmerece la trascendencia, ni lo segundo convencerá a alguien fuera de los sumisos al relato K.

Le guste a quien le guste y le disguste a quien le disguste, la Argentina avanza en su reintegro al mundo. Un reintegro de por sí bueno y necesario pero que además implica el acceso al mercado de capitales, imprescindible para recuperar la senda del crecimiento de la economía nacional.

El Papa y la Sala

Nunca es bueno disimular errores. Menos aún, justificarlos. Pero peor es disfrazarlos.

El intento que hizo un obispo argentino, el titular de la Universidad Católica, de justificar el regalo de un “rosario” que hizo el Papa Francisco a la detenida dirigente de la Tupac Amaru, Milagro Sala, sobre una etérea base de la compasión católica, es propia de un amanuense, así como el intento de restar importancia al hecho puesto de manifiesto por varios comunicadores sociales.

Lo del Papa, ni es justificable, ni es coherente con lo que el propio Francisco expresa. El ex cardenal Bergoglio va a México y condena con vehemencia la corrupción y el narcotráfico. Paralelamente, envía de regalo un rosario a Milagro Sala.

Sobre la jujeña recaen sospechas, pero solo sospechas, de narcotráfico. Por tanto, es cuando menos una exageración acusarla de tal.

En cambio, todo lo contrario en cuanto a corrupción se refiere. Ya no solo por los injustificables retiros en efectivo de fondos destinados a las cooperativas, que alcanzan a los 29 millones de pesos, sino por la grabación de imágenes donde se ve, repito se ve, a sus secuaces retirar 14 millones de pesos de un banco.

Milagro Sala no puede justificar nada referente a esos retiros. Así como no puede justificar el origen de sus propiedades, ni sus habituales gastos propios de una persona rica.

Nadie durante la larga noche del kirchnerismo la denunció ante la justicia. Ningún juez o fiscal actuó de oficio. Fue necesaria la llegada del recientemente electo gobernador radical Gerardo Morales para poner fin a los manejos delincuenciales de la dirigente petrolera y para meterla presa.

Pero Morales no recibió el “rosario” del Papa. Milagro Sala, sí. Algo más que una curiosidad.

Durante todo el tiempo de la detención de la jujeña, los K intentaron motejarla como presa política. Por supuesto, nadie les creyó, ni les cree. Es más gran parte de la sociedad aguarda con impaciencia que la justicia actúe frente a Boudou, De Vido y la propia Cristina Kirchner, por solo citar a tres de los sospechados de corrupción.

Pero los K que aún no cayeron en la cuenta de que perdieron la elección, ni en la de que ya no engañan a nadie, intentaron llevar a cabo una jornada nacional de protesta con cortes de rutas y autopistas.

Fue patético. Para cortar, les hizo falta desparramar cubiertas de automóviles porque con los militantes presentes no cortaban ni una picada en la selva.

Si el raquítico corte K por la Sala consiguió algo, ese algo fue servir de justificativo para el “protocolo” elaborado por el gobierno contra los cortes de calles y rutas.

Es hora de asegurar el derecho constitucional de los argentinos a movilizarse libremente por el territorio de su país. Es hora de que nadie impida los traslados. Es hora de respetar y hacer respetar los derechos de los demás.

Y no se trata de penalizar o criminalizar la protesta social. Existen variadas y distintas formas legales de protestas. Más aún, el derecho a la huelga está garantizado por la propia Constitución Nacional. Y nada impide las concentraciones y los actos en lugares abiertos o cerrados.

Claro que para concretar una concentración o un acto hace falta gente. Gente convencida que concurra libremente cuando no se la convoca desde el poder político y no se le pago el micro, la “coca” y el “Paty”.

Por tanto, no se puede admitir que, a falta de gente convencida, los cortes los lleven a cabo cuatro o cinco “militantes” que colocan cubiertas. En buena hora el protocolo y ojalá se aplique cuanto antes.

Luis Domenianni

SECCIONES

SUPLEMENTOS

MAS NOTICIAS

CONECTAR CON VISION FEDERAL

  • Facebook
  • Twitter
  • Google +
  • RSS
  • Emails Newsletters
  • YouTube