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Uruguay, el Cardenal Sturla apura acciones para debilitar el laicismo

1954 Uy Cardenal Sturla laicismoMontevideo - Tras más de un siglo de "laicismo aglutinante", la Iglesia católica busca recuperar lazos con la sociedad uruguaya bajo el impulso del Cardenal Daniel Sturla, jefe de la Iglesia local.

La Iglesia católica tiene un problema de comunicación porque tiene el mejor mensaje del mundo, pero no lo sabe transmitir". Este fue el comentario que le hizo a Daniel Sturla, antes de ser obispo y cardenal, un amigo suyo directivo de una agencia de publicidad.

Desde que fue elegido arzobispo de Montevideo en febrero de 2014, Sturla ha puesto mucho énfasis en superar la debilidad marcada por su amigo. A casi tres años de asumir a la cabeza de la Iglesia católica en Montevideo, no caben dudas de eso. Además de tener dotes personales para la comunicación -muy diferentes a las de su antecesor, Nicolás Cotugno-, desde su puesto de jerarquía Sturla ha realizado especiales esfuerzos para potenciar y hacer atractivo el mensaje cristiano.

Muestra de ello es la renovación del departamento de Comunicación de la arquidiócesis, que inauguró este año junto con una moderna plataforma multimedia, que incluye a radio Oriental, el semanario Entre Todos y el canal por internet ICMtv (por Iglesia Católica de Montevideo).

Otras acciones que ha emprendido el cardenal para acercar el mensaje cristiano a la sociedad uruguaya son el lanzamiento del Club Católico con su tarjeta de beneficios y las famosas balconeras de Navidad con Jesús, que tuvieron como objetivo "recristianizar" el sentido de esta fiesta.

Frente a esta última campaña la sociedad laica uruguaya no quedó indiferente y sorprendió a muchos. La repercusión fue tal que 30 mil hogares se adhirieron a la propuesta y las balconeras estuvieron en boca de todos, también en las redes sociales.

El punto de mayor repercusión ocurrió cuando se supo que el presidente Tabaré Vázquez -o, más precisamente, su esposa María Auxiliadora Delgado- también había colocado una balconera en su casa. Algunos lo acusaron de violar la laicidad, otros lo defendieron, señalando que su hogar es parte de la vida privada. Días después se sumó al debate la pertinencia de una frase que el cardenal Sturla dijo en la homilía de la misa de Navidad. "No nos quedemos nosotros con el balde laicista que hace 100 años le han puesto a este país", dijo y provocó el rechazo de los sectores políticos batllistas.

El debate sobre la laicidad en Uruguay tiene un siglo y todavía no se ha saldado. Después de la Constitución de 1919, que estableció la separación de la Iglesia Católica y el Estado, la laicidad -entendida como la ausencia de lo religioso en el ámbito público- impregnó toda la vida del país y la religión quedó recluida al ámbito privado. El proceso secularizador se alimentó de la construcción de una imagen de la Iglesia católica para nada positiva.

Néstor Da Costa, sociólogo especializado en laicidad, dijo que para muchos la Iglesia católica se transformó "en un monstruo que impone", imagen que hasta el día de hoy perdura en algunos sectores.

Sin embargo, para muchos, este concepto de laicidad es erróneo y tiene más que ver con el laicismo. A esta postura adhiere Da Costa, quien explicó que "la laicidad es un acuerdo para la convivencia, donde los ciudadanos acuerdan no imponerle nada al otro a través del Estado y se toman los resguardos jurídicos para ejercer la libertad de conciencia.

El laicismo, en cambio, es el combate contra la expresión de lo religioso". Este nuevo concepto de laicidad salió a la luz en Uruguay en 1987 con el debate sobre la instalación de la cruz conmemorativa de la visita del papa Juan Pablo II. El historiador Gerardo Caetano sostiene en su libro El Uruguay laico que esa discusión marcó en la sociedad uruguaya un punto de inflexión en la forma de vivir la laicidad. A partir de entonces, el modelo de "laicismo aglutinante" -como lo llama el historiador- comenzó a permearse y ceder espacio en la esfera pública a otras manifestaciones y creencias, sin perder la primacía. De la mano de esta apertura, comenzaron a darse también más frecuentemente discusiones públicas sobre la laicidad, algo que antes era impensado.

Desde aquella discusión han pasado ya casi 30 años, pero uno de los cambios más profundos en la percepción de la sociedad uruguaya sobre la Iglesia católica tiene pocos años. Para la historiadora Carolina Greissing, la Iglesia en Uruguay siempre "estuvo en movimiento" y en contacto con la sociedad a través de redes de laicos, como la Liga de Damas Católicas, la mutualista Círculo Católico y el Partido Demócrata Cristiano, entre otros. No obstante, reconoce que en los últimos años, la llegada de Sturla al arzobispado de Montevideo ha dado lugar a un nuevo acercamiento a la sociedad.

"El cardenal está intentando mostrar otras caras de la Iglesia y otra llegada a la gente y esto provoca distintas reacciones en la sociedad uruguaya", dijo Greissing.

En este sentido recordó que a los pocos meses de haber asumido como obispo, se reunió con representantes de la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgénero).También concurrió a un acto del Partido Comunista a rezar por sus militantes asesinados en 1972. "Con estos gestos, la Iglesia se abre a la sociedad", afirmó la historiadora, quien también subrayó que "Sturla es un buen reflejo de lo que el papa Francisco está haciendo en la Iglesia".

En este último punto, Greissing coincide con el sociólogo Nicolás Guigou, también estudioso de la laicidad, quien advierte que el cambio en la percepción que la sociedad uruguaya tiene de la Iglesia católica es producto de la imagen del papa Francisco. Para Guigou "la iglesia se está reposicionando mundialmente" y Uruguay no es ajeno. "Apenas asume, (Jorge) Bergoglio empieza a tomar actitudes personales e institucionales muy fuertes", tales como revisar las cuentas del Banco Vaticano y relevar a algunas de sus autoridades, enviar a la Justicia los casos de sacerdotes pedófilos y hablar de "las enfermedades de la curia romana", recordó Guigou.

"Esto repercute en la sociedad uruguaya, no porque vaya a haber más católicos, pero los ateos, los agnósticos y los anticlericales miran al catolicismo de otra manera", afirmó. Más allá de esto, el sociólogo subrayó que el modelo laicista uruguayo se constituye en buena parte por el choque con la Iglesia católica, de quien el Estado se separó en 1919, de allí que el laicismo uruguayo sea más anticlerical que antirreligioso y que las manifestaciones públicas de los católicos sigan generando rechazo en algunos sectores. "Cuando se instaló el monumento de Iemanjá en la rambla de Montevideo no pasó nada. Eso es un indicador", señaló.
Fuente: agencias/elboservauy/www.visionfederal.com

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