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Paraguay: Espectaculos

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Miércoles, 27 de Enero de 2010 01:15

Diarios de paraguay - Seccion Espectaculos

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  • Possessed se presentará en Paraguay el 14 de agosto 23 May 2013 | 10:21 pm Última Hora - Arte y Espectaculos

    Los fanáticos del metal extremo están de parabienes. La banda californiana de death metal, Possessed se presentará en Paraguay el 14 de agosto en lugar a confirmar. La agrupación es considerada de culto dentro del género.

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    UNA TRILOGÍA PARAGUAYA TRAS OTRA

    ERIC COURTHÈS



    ♦ La compleja gestación de El fiscal

    ♦ ¿Qué es El fiscal

    ♦ El fiscal ausente

    ♦ Una trilogía paraguaya tras otra




    LA COMPLEJA GESTACIÓN DE “EL FISCAL”
    Lo que llama la atención de antemano en la composición de la Trilogía paraguaya, es que distan casi veinte años entre Yo el Supremo y El fiscal; por supuesto casi coincide este periodo con su estadía como profesor en la Universidad de Toulouse, en la que Roa se dedicó a su rol de pedagogo y publicó un montón de artículos y ensayos, como cientista social (1), y también reelaboró ficciones anteriores, como Lucha hasta el alba en el 79 y sobre todo Hijo de hombre en el 82.

    Sin embargo, ello no significa primero que no pensaba ya en terminar su trilogía paraguaya. En efecto sabido es que empezó la tercera obra en el 82, como lo reza la Nota de Toulouse en Hijo de hombre, y tampoco conviene afirmar que no escribió ficciones, en realidad, bien se sabe que la primera versión supuestamente  (2) quemada de El fiscal, conoció varios estratos anteriores, hipotextos de otro Fiscal que versaban sobre la Guerra Grande.

    De hecho, empezó Roa, “tras haber escrito Yo el Supremo, una exhaustiva recogida de información y de materiales (3)”sobre la Guerra Grande, a raíz de la cualpublicó en el 75 y en el 76, tres relatos cortos, de una página cada uno, sobre el final de ésta, en el Suplemento dominical de ABC Color, titulados Cerro Corá 1870 I, II, III. El motivo central era el holocausto del pueblo paraguayo provocado por la insensatez de Solano López, visto desde la perspectiva de un reportero (4), el militar paraguayo Silvestre Carmona, acusado de traicionar a López.

    Luego, en el 84, publicó en una suntuosa edición en Milán (5), con reproducciones preciosas del pintor argentino Cándido López, una ampliación de estos tres relatos, titulada El sonámbulo (6), una novela corta de unas 45 páginas, y por fin, en el 87, en la revista bonaerense Crisis, publicó ya como capítulos de El fiscal, dos relatos cortos, de diez páginas en total, inspirados en la misma época y con la misma perspectiva, titulados El palacio blanco y El ojo de la luna. Aquella “joya desconocida”, según José Vicente Peiró Barco (7), tenía mucho que ver con Yo el Supremo, presencia de un compilador, letra al margen del Fiscal que refuta lo que dice Carmona, “presupuesto de reinvención de la historia” (8). Es más, sus múltiples variantes son una perfecta muestra de la poética de las variaciones, y por último, constituyen los esbozos de la versión ausente sobre la Guerra Grande de El fiscal (9).

    Pero no termina ahí la espectacular hipertextualidad de la tercera obra de la Trilogía paraguaya, en efecto no hablamos aún de la versión quemada, “acto de fe de un escritor no profesional”, —cuyo eco textual encontramos en El fiscal actual, en la quema de la tesis de Leda Kautner— (10). Dado que a raíz de ese acto muy controvertido en su época, nadie detiene este hipotexto último, procuré recolectar impresiones de lectura de amigos de Roa, por eso lo entrevisté a Víctor Jacinto Flecha (11), en julio del 2005. En una parte de la entrevista dice:
    El fiscaltiene su origen en un descubrimiento de un archivo, en la Biblioteca del Vaticano, de una deposición del padre Fidel Maíz. Fue un sacerdote católico paraguayo, que en el peor momento de la guerra, le cupo ser Fiscal de Sangre, entonces esta dualidad de Padre y Fiscal de Sangre, […] que tuvo muchos conflictos con la Iglesia. El Gobierno Paraguayo, en la década […] 1878-1880, le pagó un pasaje a Roma para ir a pedir a arreglar su situación, en Roma. Y entonces allí él hace una deposición escrita pública, una confesión de todo lo que pasó, y un análisis de la cosa… Eso es lo que recuperó, un antropólogo muy conocido, que también es jesuita, el Padre Bartomeú Meliá,… que era un amigo nuestro, […] y fue Bartomeú quien le pasó las fotocopias de esa declaración a Augusto […], realmente después iba a ser la primera novela que él escribiera después de Yo el Supremo (12).

    Bartomeu Meliá me confirmó por mail que le había transmitido aquel informe vaticano del Paí Maíz a Augusto, por desgracia no conserva ninguna copia y no puede dar tampoco con el microfilm, lo único que queda de aquella transmisión entre los dos amigos es un artículo de Melia, sobre el fusilamiento del obispo Palacios, en que intervino Maíz como Fiscal, “El fusilamiento del obispo Palacios. Documentos Vaticanos”, Estudios Paraguayos, XI, 1:25-50, de 1983.


    ¿QUÉ ES “EL FISCAL”?
    No obstante los numerosos hipotextos que acabamos de encontrar, ninguno alcanza para abarcar toda la obra actual, si bien el Paí Maíz habita la mente del autor cuando la primera versión, —y desde hacía mucho tenía planeado escribir sobre él—(13), en la versión que conocemos es mero personaje secundario, que sólo aparece en las cincuenta páginas  del “intermezzo” de Sir Richard Francis Burton, sobre la Guerra Grande.

    En cuanto a Carmona apenas es registrado como ya lo dijimos, los hipotextos afloran sólo en tres ocasiones, en el libreto de cine que hubiera tenido que escribir Félix Moral sobre la Guerra Grande, al final de la primera parte, en la metadiégesis del incansable viajero inglés, al final de la segunda, y por fin, a las indirectas, en la evocación de los cuadros del supuesto Cándido López paraguayo, por el Ministro de Cultura de Stroessner, hacia el final del libro.

    Como bien lo dice José Vicente Peiró Barco, “EnEl fiscal esta guerra aparece como elemento funcional de introspección histórica dentro del relato”, o sea que el hipotexto se vuelve hipertexto, pero dista mucho de ser el motivo central de  la obra, o sea que los diversos hipotextos ya vistos no fueron sino pretextos.

    En suma, todas las señales de que la tercera obra de la trilogía iba a versar sobre la Guerra Grande resultaron ser señuelos. La temática de la tortura (14) tampoco aparece ¿Qué es entonces El fiscal?

    Primero, conviene no descartar la lectura autobiográfica, en ello queda clarísimo el epígrafe: “A Morena Tarsis, tú me animaste a reescribir esta historia, la viviste tú misma y eres escrita por ella” (15) , luego es evidente que lo que domina en esta obra, —aparte de otras lecturas posibles y de que Félix Moral parece calco del Roa real, catedrático en Toulouse—, son los vibrantes diálogos  entre Félix y Jimena en Nevers (16), al pie de la ventana del poniente, en que cobran ambos personajes toda la esencia de la realidad, de la compleja y conflictiva vida en pareja:
     
    ¿Es eso, dijo, lo que llamas justicia justa? ¿Quién puede aplicarla? Si el Tiranosaurio cayera prisionero en este mismo instante por un golpe militar o por un levantamiento popular, ¿quién podría juzgarlo? ¿Una justicia absolutista? ¿La misma que practica el Poder absoluto como un privilegio exclusivo y providencial? ¿Un fiscal omnisciente?¡Vamos, Félix! No sueñes con esa “justicia justa”. Ella no existe sino como un sueño que se ha cobrado en la realidad innumerables víctimas (17).

    ¿Pues El fiscal vendría a ser una novela de amor, —o más bien sobre el Amor—, y sobre la vida en pareja? ¿Un caso único en toda la obra roabastiana, si se exceptúa Madama Sui? Sin embargo, por pudor será (18), niega el propio autor su carácter autobiográfico, pero sí confiesa que bien podría ser una carta de amor (19), e incluso una carta póstuma, la de un narrador moribundo que se recupera de una trombosis en casa de la destinataria, “No son un diario íntimo ni la exaltada crónica de una resurrección. Menos aún, ese género espurio de una autobiografía” (20),sino las confidencias del narrador en “ una ininterrumpida carta “póstuma” a una sola destinataria: Jimena.”, pues algo ya muy alejado del proyecto inicial de “trilogía sobre el monoteísmo del poder” (21). De ahí expresiones como “papeles póstumos “, o “carta póstuma a una sola destinataria: Jimena (22), para definir esta obra, por tanto es muy de extrañar que este nivel de lectura sea descartado por la crítica. De ahí también que Félix Moral se dirija de nuevo a ella después del largo intermezzo sobre la Guerra Grande de Burton: “Perdóname Morena el socrático interludio sarmientino y este último, extenso intermezzo bélico de Sr Richard Francis Burton”.

    El personaje dominante de esta novela no es Félix sino Jimena, la carta que le redacta termina siendo un ajuste de cuentas, un último balance de su conflictiva vida conyugal, —con el debido respeto a su pareja—, una sublimación mediante la escritura de una muerte no clínica sino de la muerte del amor en él, o por lo menos de la ilusión de amor… (23) Así y todo, conocida es la indecidibilidad générica de la obra de Roa, y El Fiscal  termina siendo una obra tan híbrida, como las otras dos de la trilogía, de ahí la gran variedad de sus lecturas posibles…

    Ahora bien, a raíz de la larga diatriba de Jimena en contra de “la justicia justa”, o sea de la auto-justicia, convendría preguntarse ahora quién es El Fiscal…


    EL FISCAL AUSENTE
    Como ya lo anticipamos, en la primera versión, o sea Cerro Corá y sus variaciones, el Fiscal sólo aparecía en la letra al margen, refutando los escritos de Silvestre Carmona, y también como destinatario del libelo del Coronel, refutando la historia oficial sobre Solano López (24). Luego en la versión quemada, ya va cobrando vida como personaje de ficción, es el mismo Fiscal a quien todos estaban esperando, el Paí Maíz, endulzando su propia sentencia al obispo Palacios, y fusionando con su víctima, preciosa variante ya lograda, como parte de novela, que tanta mella hizo en el lector Víctor Jacinto Flecha…

    Por último, en la versión que conocemos, los ex fiscales aún están, pero en segundo o tercer plano, pues “El Fiscal omnisciente” al cual alude Jimena, es la proyección del mismo narrador, de Félix Moral. En su fracaso de asesinar al Tirano, se lee su impotencia frente a la “imposibilidad de juzgar”, columna vertebral y moral de la obra…

    En suma, en lo anterior al texto que conocemos, hay fiscales ausentes, primero un destinatario y una letra al margen, y luego el Paí Maíz, que al cobrar existencia, se esfuman en el olvido en el primer caso, o terminan en “cenizas calientes” en el segundo. Y cuando al cabo de veinte años de espera el libro titulado El fiscal, sale a luz, resulta muy difícil volver a encontrar a estos Fiscales, y El fiscal de verdad resulta ser una potencialidad asesina del personaje-narrador, que se autodestruye en su vano afán de “justicia justa” (25)…

    ¿Pues existe el Fiscal como personaje de ficción? No puede existir porque su causa, a pesar de ser justa, usa los mismos medios violentos que los del Tiranosaurio; sí existe Félix Moral, hasta que decida asistir a este congreso y asesinar al tirano, y se diluya en sus propias contradicciones…

    El título resulta ser por tanto de lo más enigmático, alude a hipotextos casi olvidados y a una instancia que no es la misma que en las primeras versiones, que va cambiando con el tiempo, y  va metamorfoseándose en función de los cambios políticos. El Fiscal viene a ser pues una noción polimorfa, inasible y huidiza, que dice la definitiva imposibilidad de usar la misma justicia sucia que la de los torturadores…

    De ahí la presencia fantasmal de todos los Fiscales de la obra, como guiñada del autor, a quienes Roa convoca en los tribunales de sangre de la Guerra Grande, —mediante el hipotexto pictural de Centurión, el fiscal-pintor paraguayo, doble de Cándido López—, pues el Fiscal es único y múltiple a la vez como la obra de Roa, pero no deja de ser simple comparsa en El fiscal que conocemos:
     
    Algunos registran (los cuadros) escenas del suplicio en el “cepo paraguaya”, uno de los más terribles de la Guerra Grande. En ellas aparecen el P. Fidel Maíz y los demás fiscales de guerra Centurión, Aveiro, Resquín, Goiburú, Carmona ordenando y presenciando los suplicios; El fiscal Juan Crisóstomo Centurión, (el doble del pintor Cándido López), que había estudiado en las academias de Londres, era novelista y pintor (26).


    Al fin y a la postre, El Fiscal in ausentia, libros o personajes, único y múltiple,  dice lo inútil de la omnisciencia, sea la del que juzga o  del que mandonea a un país, todas sus fuerzas se aniquilan en la omnipotencia de la ficción, igual le pasa a quien no se fija en las advertencias racionales y proféticas de su esposa, las últimas páginas se lo tragan...


    UNA TRILOGÍA PARAGUAYA TRAS OTRA
    A la luz de lo ya expuesto, conviene percatarse de que si a una trilogía paraguaya sobre el poder le faltan elementos, si tras la tercera obra se parapetan otras, es que también la idea de trilogía es un concepto movedizo para Roa.

    Es más, mencionó en dos ocasiones dos trilogías distintas, en 1982, le afirmó a José Fernández Aguadé (27), que la trilogía incluía Yo el Supremo, Contravida y El fiscal. Sin embargo, con motivo de una nueva edición francesa de Hijo de hombre, unos meses más tarde, excluyó Contravida, e integró la nueva versión de Hijo de hombre. En esta ya famosa Nota de Toulouse, declaraba que “Con esta novela se iniciaba una trilogía narrativa inspirada en la vida y en la historia paraguaya”, en la cual el aspecto retrospectivo de Contravida de hecho no correspondía, y por lo contrario, el núcleo temático de la Guerra del Chaco, ensanchado en el capítulo IX de Hijo de hombre, pegaba perfecto (28).

    En la entrevista ya mencionada dijo que “Yo el Supremo sería una novela sobre la reflexión de la imposibilidad del poder absoluto, El fiscal sobre la imposibilidad de juzgar al prójimo y sus acciones,” y en  nuestra opinión, Hijo de hombre vendría a resaltar, al contrario, la posibilidadde expiar la traición mediante la escritura, y de trascender sus límites para el Hombre, para terminar con su explotación o alienación: “Lo que no puede hacer el hombre, nadie más puede hacerlo…” (29), pues ya cuestiona esta primera obra, la unidad y coherencia misma de la trilogía…

    Con todo, no le falta coherencia a la trilogía puesto que “narra (30)” sucesivamente en sus tres etapas tres momentos críticos de la historia paraguaya, la Guerra del Chaco, el imperio desmedido del Doctor Francia y por fin, de modo parcial, la dictadura de Stroessner. Además, como lo apunta con acierto José Vicente Peiró, en El fiscal “nuestro autor ha consumado su “trilogía paraguaya”, ensanchando el campo temático desde la particular visión del hombre de su país en Hijo de hombre, hasta el examen del hombre actual universal en El Fiscal, quedando Yo el Supremo como punto intermedio de conexión entre ambas, porque ya abunda en generalizaciones sobre el ser humano”.

    Lo cierto es que el hombre,  y su imagen, está en el centro de su proceso de creación, dentro o fuera de la trilogía; así y todo, nos llaman la atención dos cositas, primero que Yo el Supremo, por su polifonía narrativa y la fijeza de los  distintos discursos, no puede pegar dentro de ninguna serie, siendo una excepción, por otra parte, como ya lo anticipamos, El Fiscal, por corresponder con diversas obras y personajes, por ser una obra polimorfa y decir un concepto huidizo, y sobre todo porque cabe en esta obra una innegable dimensión autobiográfica, —incluso si la niega a medias el autor—, no pega con las otras dos piezas de la serie…
    En cambio, las primeras versiones de El Fiscal, con reporteros traidores y ambiguos en el centro de la narración, como Carmona y sobre todo el Paí Maíz, encajaban a la perfección con las voces duales de Miguel Vera y del Supremo. La trilogía que se parapeta tras la que conocemos habría dicho de modo definitivo la ausencia del autor y del hombre que lo representa, habría rematado la imagen de un autor escrito por sus voces narrativas, por narradores-escribientes que median entre el lector y el libro, con su propio libro, de modo endotextual, poniendo en escena de manera abismal la escritura…

    Al fin y a la postre, otro aspecto nos revela la Trilogía ausente de Roa,  su obra entera dice una extraña Poética de la Ausencia: texto oral indígena subyacente, diversos textos ausentes, auctoriales o alógrafos,  personajes y libros ausentes, es de recordar por ejemplo el inasible Un país detrás de la lluvia, y sobre todo un Autor ausente, un Fénix cuyas cenizas aún calientes no dejan de dar nuevos rescoldos y materia para discutir entre tertulianos roamaniáticos, encandilados por su Escritura de la Ausencia tan presente entre nosotros…




    NOTAS

    (1). Roa también sobresalió en el ámbito de la antropología, su ensayo del 78, Las culturas condenadas es una buena muestra de ello, y no es el único caso.
    (2). Tal como lo reza el prefacio, por la caída de Stroessner, en el 89: “La novela quedó fuera de lugar y tuvo que ser destruida…..Esas cenizas resultaron fértiles. En cuatro meses, de abril a junio, una versión totalmente diferente surgió de esos cambios. Era el acto de fe de un escritor no profesional en la utopía de la escritura novelesca”. Ahora bien, muchos pensamos que don Augusto primero dio a leer a amigos, como solía hacerlo, su primera versión, y luego que no la destruyó en seguida, sino que le sirvió de despensa para armar la segunda, de ahí la rapidez, —excepcional respecto de sus habituales ritmos de creación—, de redacción de la versión que conocemos… Pasó lo mismo con Contravida, que empezó en el 66 y que abandonó al cabo de un año y medio, para dedicarse a Yo el Supremo, variando el enfoque del “yo” al “yo/él”. Véase al respecto el testimonio de Amelia Nassi Hannois, en Contravida, novela inédita, Asunción, Acción, n° 258, octubre de 2005, p. 10.
    (3). Véase la excelente tesina de Doctorado de J. V. Peiró, Análisis de ‘El fiscal’ de Augusto Roa Bastos, Madrid, UNED, 24 de abril de 1995, quién me obligó enviándome gran parte de mis fuentes sobre los hipotextos de El fiscal, que hasta hoy han sido más bien ignorados por la crítica…
    (4). El recurso endotextual a un reportero es algo muy común en la obra de Roa, piénsense por ejemplo en Macario en Hijo de hombre, o a Ezequiel Gaspar en El fiscal. Aparece el coronel-fiscal pero como personaje secundario en El fiscal que conocemos, “Poco después el coronelSilvestre Carmona, ayudante de campo del mariscal, ex fiscal de sangre, engrosó la larga fila de desertores….”, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1993, p. 324 (véase uno de mis últimos trabajos, “El endotexto roabastiano”, Asunción, Palabras, n° 1, en el cual defino así este concepto, “el endotexto es un texto que se mira y se genera a sí mismo”).
    (5). “El Sonámbulo”. En Cándido López (Imágenes de la Guerra del Paraguay), Colección La imagen del hombre,Milán, Franco María Ricci edit., 1984. En la versión actual, el hipotexto es aprovechado durante la digresión sobre las pinturas del doble paraguayo de López, por el Ministro de Cultura de Stroessner, El fiscal, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1993,p. 366, “Lleva [la edición] el nombre del pintor argentino como título y pertenece a una colección producida bajo el signo genérico de “La imagen del hombre”. El libro, de un gran valor artístico y polémico, está prologado por un escritor compatriota nuestro”.
    (6). El Sonámbulo es el pintor argentino Cándido López, cuyo eco encontramos en la versión de El fiscal que conocemos, desdoblado con el homónimo pintor paraguayo lisiado, “Acaso estos cuadros , según un enigma no aclarado aún, fueron la obra de otro pintor, un paraguayo llamado también Cándido López.”, op. cit., p. 322.
    (7). “Una joya desconocida: El sonámbulo de Augusto Roa Bastos”, UNED, Madrid-Valencia, artículo sin publicar de 1995.
    (8). Op.cit., p. 8.
    (9). Véase su tesina de doctorado ya mencionada, en la p. 14: “es decir, que El Sonámbulo fuera un primer esbozo de una novela localizada en el marco de la Guerra grande; un germen de un proyecto que posteriormente se transformó en El fiscal”.
    (10). Op.cit., p. 124.
    (11). Gran amigo y lector avezado de Roa, amén de sociólogo reconocido, consulté con provecho por ejemplo, Historia de la transición. Pasado y futuro de la democracia en el Paraguay, Asunción, Ediciones Última Hora, 1994.
    (12).Más adelante afirma que el Paí Maíz era el principal protagonista de esta versión y que versaba sobre la tortura, en una extraña fusión entre el Fiscal y su víctima, el obispo Palacios, que le pareció a él superior incluso a Yo el Supremo, en cuanto a dualidad y dialogismo. Asevera también que fueron publicados unos capítulos en ABC Color, entre el 86 y el 88, pero resulta imposible porque estaba clausurado el diario por Stroessner, por fin  dice que Roa entregó una versión a Amnistía Internacional, pero no hay allí archivos anteriores al 98.
    (13). En Hijo de hombre, Madrid, Alfaguara, 1990, (1985), (1960), p. 252,en el diario íntimo de Miguel Vera, en Destinados, ya aparece aquella pulsión de narrar a ese personaje tan ambiguo, “Alguien debería escribir alguna vez la historia de la gente como Maíz.”, ya ronda en la mente de Miguel Vera aquel “anti-héroe por excelencia”, ibid., p. 246, al cual descubre entre los libros que le mandan desde Asunción, en las Memorias del Padre Fidel Maíz, otra vez lo endotextual preside la aparición de lo que viene a ser, más que el hipotexto de El fiscal, el libro ausente de Roa…
    (14). Véase otra vez la tesina de José Vicente Peiró, op. cit., p. 16: “El mismo Roa añade en esta entrevista(“La eterna guerra al imposible”, entrevista de Bareiro Saguier, O. de León y F. Navarro, La Plata, Talita, n° 4, junio de 1983, p. 138), que uno de los capítulos fuertes de El fiscal (esfumado) trata el tema del torturador y su víctima, tan corriente según él en nuestros días y tan antiguo a la vez, de las torturas infligidas a los prisioneros de las siniestras cámaras de tortura y muerte, y que hay una escena en los tribunales de sangre de Paso Pacú, en que Paí Maíz confiesa al obispo Palacios que va a ser fusilado y a quien el fiscal de López le conforta con estas reflexiones”.
    (15). Morena Tarsis, alias Jimena, alias Iris Giménez, es escrita, como personaje de ficción, por esta carta, que Félix Moral le destina; es más habría impulsado el gesto crematorio, y por tanto la re-escritura,  viene a ser pues una instancia hipertextual que lo re-escribe a Roa… También se puede ver en ella a un doble femenino del narrador, con el cual echa ese terrible pulso, excusado es decir que sale ganando, dado que la excursión magnicida a Asunción termina fracasando por completo.
    (16). Habida cuenta del amor como temática dominante en la obra, uno no puede sino pensar que la elección de esta ciudad, donde nunca vivió Roa, no es sino una clara alusión a Hiroshima mi amor…
    (17). El fiscal, op. cit., p. 63, no opina otra cosa José Vicente Peiró, en su tesina,op. cit., pp. 230-232: “En suma la historia de amor entre Félix y Jimena es el verdadero núcleo narrativo de la novela sobre el que desembocan el resto de las tramas… podemos concluir que la dictadura y los motivos relacionados con ella quedan como trasfondo de la historia de amor que discurre en la novela. Desde esta perspectiva El Fiscal es fundamentalmente una historia de amor”.
    (18). O porque en realidad, “no importa quien habla”, como lo sugiere el primer epígrafe, citando a Beckett…
    (19). Otra vez lo endotextual preside en la creación roabastiana, la carta viene a ser el libro del libro que estamos leyendo, algo muy recurrente en la obra de Roa, basta con citar las Cartas desde los campos de batalla del Paraguay, de Burton, la Carta a la Doctora Monzón de Miguel Vera, y en la obra que nos interesa la carta De Jimena Tarsis a la madre de Félix Moral, los endotextos pueden revestir otros aspectos, los Apuntes del Dictador, Las Notas del Compilador, La Letra al margen, el Diario de a bordo de Miguel Vera en el Penal El Paraíso, no alcanza el tiempo para citar aquí todos los ejemplos…
    (20). El fiscal, op. cit., p. 27.
    (21). Ibid., prefacio, p. 9.
    (22). Ibid., p. 27. Es de notar otra vez que las prosopopeyas son recurrentes en la obra de Roa, los Apuntes del dictador en Yo el Supremo, la Carta a la Doctora Monzón en Hijo de hombre, son los discursos de narradores acechados por la muerte.
    (23). “Siento vivo en mí el amor de una mujer que murió amándome. Salvo Que vida y muerte sean una sola mentira”, El trueno entre las páginas, Asunción, Intercontinental Editora, 2002, p. 121.
    (24). El fiscal ausente “antilopista” habría escrito “un voluminoso y furibundo libelo contra Solano López, titulado “Un tirano del Paraguay”. El escrito (de Carmona) constituye una refutación del libro del fiscal. Èste le acusó el reto. Se advierte que dedicó al manuscrito una sañuda atención las notas y comentarios de puño y letra dejados en los márgenes- la mayor parte de los cuales se reproducen aquí las refleja torvadamente”,cita sacada de Cerro Corá I, por José Vicente Peiró; véase su ya mencionada tesina, p. 69.
    (25). Tampoco se puede descartar el hecho de que El Fiscal de Félix es Jimena, quien vaticina el desastre y se queda con la última palabra…
    (26). Op. cit., pp. 364-365.
    (27). “La escritura como proceso mítico”, entrevista con Augusto Roa Bastos (II), Sendero, Asunción, 30 de abril de 1982, p.8.
    (28). Lo relevante dentro de nuestra perspectiva es que nunca menciona en esta entrevista y en la nota de Toulouse El fiscal que conocemos, puesto que aún no estaba publicado, pues la definición que da de la obra, centrada en la imposibilidad de juzgar, tiene que ver con la versión desconocida…
    (29). En boca de Cristóbal Jara, en Misión, op. cit., p. 355.
    (30). En Yo el Supremo, nada se narra…


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    EL FISCAL
    Novela de AUGUSTO ROA BASTOS
    © HEREDEROS DE AUGUSTO ROA BASTOS
    Editorial SERVILIBRO
    Plaza Uruguaya - Asunción - Paraguay
    Dirección editorial: Vidalia Sánchez
    1ª  edición SERVILIBRO. 1.000 ejemplares
    Asunción, febrero 2009 (327 páginas)

  • ITAUGUÁ RECIBE A NEGRITUD DE COLORES - MARIVÍ VARGAS y GRUPO KAMBA CUA - VIERNES, 30 DE DICIEMBRE 2011 30 Dec 2011 | 2:09 pm LETRAS PARAGUAYAS - POESÍA, NOVELA, CUENTO, TEATRO, ENSAYO

    

    ITAUGUÁ RECIBE A NEGRITUD DE COLORES
    MARIVÍ VARGAS y GRUPO KAMBA CUA
    CIUDAD DE ITAUGUÁ - VIERNES, 30 DE DICIEMBRE 2011


    Fotos de LUIS VERA




    El espectáculo Negritud de colores será presentado mañana viernes 30 de diciembre en la plaza de la Iglesia de Itauguá, en el marco de la gira nacional que vienen realizando Mariví Vargas y el Grupo Kamba Cua, con los auspicios de la Embajada Americana y el apoyo de la Municipalidad local y la de Fernando de la Mora.

    Uno de los principales objetivos de esta muestra es ayudar a visibilizar la presencia de la cultura afro en el Paraguay de una manera más incluyente, con el lenguaje popular de la música y sus incansables ritmos que cantan sus vivencias, nos cuentan sus sueños de cambio y de progreso. El marco lo pone el Año Internacional de los Afrodescendientes, resolución de la misma Naciones Unidas.

    Más de 25 artistas participan activamente en el espectáculo de música y danza afroparaguaya y afro latinoamericana, ideado por Mariví.

    El Grupo Kamba Cua está dirigido por Lázaro Medina y es conformado por los tamborileros Andrés Medina, Víctor Medina, Carlos Alberto Medina, Juan Manuel Medina, Gregorio Ayala, César Medina, Dionisio Medina e Iván Medina. A ellos se suman los bailarines Mirna Medina, Araceli Medina, Nadia Medina, Paola Meza, Dolly Medina, Ruth Benítez, Lázaro Medina, Derlis Bogarín, Benito Medina, Guido Duarte, Enzo Medina, José Avelino Medina y Guillermo Velasco.
    Además estarán Gabriel Colmán, en guitarra; Juan Pablo Giménez, en bajo y Dani Pavetti en percusión.



  • ALEJANDRO HERNÁNDEZ Y VON ECKSTEIN - EL PROYECTO DE LA MANDYJU PORÃ (NOVELA) / EDITORIAL LINA S.A., 2011 29 Dec 2011 | 7:37 pm LETRAS PARAGUAYAS - POESÍA, NOVELA, CUENTO, TEATRO, ENSAYO

    

    EL PROYECTO DE LA MANDYJU PORÃ
    Novela de


    EDITORIAL LINA S.A.
    Casa Central: Julián Rejala 106 c/ García de Zúñiga
    Telefax: (595-21) 334 493
    Asunción, Paraguay
    Sucursal Librería: Manduvirá esq. 15 de Agosto
    Telefax: (595-21) 498 929
    Asunción (Centro), Paraguay

    Dirección Editorial:
    Prof. MARÍA TEODOLINA DÍAZ CORONEL
    Ilustración de portada e interior: JUAN MORENO
    Diseño y diagramación: NATALIA DOMENECH

    Traducción de textos:
    Guaraní: FELICIANO ACOSTA
    Portugés: CARMEN GARCÍA
    Corrección: BLANCA MEDINA
    Asunción, Paraguay
    1a Edición, 2011
    Tirada 500 ejemplares
    ISBN: 978-99953-54-32-9


    ÍNDICE
    Capítulo 1 : Un viaje al viejo mundo
    Capítulo 2 : Río de Janeiro
    Capítulo 3 : El cruce del Atlántico
    Capítulo 4 : La princesa Mora
    Capítulo 5 : Don Juan Manuel
    Capítulo 6 : Londres
    Capítulo 7 : La otra cara de Inglaterra
    Capítulo 8 : París
    Capítulo 9 : Por los cielos de Europa
    Capítulo 10 : La blanca navidad de Azucena
    Capítulo 11 : Nubarrones de guerra
    Bibliografía

    EL PROYECTO DE LA MANDYJU PORA
    CAPÍTULO I
    UN VIAJE AL VIEJO MUNDO

    Más de tres mil personas reunidas en la ribera del Río Paraguay, se apretujaban para ver, curiosas, a aquel personaje venido desde Buenos Aires y de quien algunos habían visto sus retratos en la prensa venida desde la capital porteña.
    El general Sarmiento, moreno, de mediana estatura, cargado de hombros e inclinado, cabeza grande y llamativa, frente amplia, cara surcada de arrugas, bastante animado a pesar del fatigoso viaje, escuchaba atentamente el discurso de bienvenida pronunciado por Don José Segundo Decoud, uno de los intelectuales más brillantes de Asunción.


    ... “Saludo en vuestra ilustre persona a uno de los patriarcas de la libertad y considero vuestra visita a este país como un augurio feliz para la patria paraguaya, en momentos que se incorpora resueltamente al progreso americano siguiendo las huella luminosas de sus hermanas mayores que tienen realizadas ya tantas conquistas para radicar las instituciones libres en nuestro hermoso continente. He dicho”1- término el emotivo discurso de Don José Decoud.
    El viejo sanjuanino, vestido con un frac negro, camisa blanca y moño haciendo juego con el traje y sus bien lustrados zapatos, agradeció, con su voz pastosa, las palabras del ilustre personaje con un breve discurso que improvisó en ese mismo momento:
    “La afectuosa bienvenida que me ofrecen por vuestro conducto los ciudadanos que representáis, hace doblemente grata la sensación que experimento al pisar las playas del Paraguay.
    Puede calcularse la duración de la vida humana por los años que transcurren y por la extensión de la tierra en donde alcanza su nombre; y puedo lisonjearme, al ser tan simpáticamente recibido, de que el mío ha llegado hasta aquí, convertido en un mito de los que el pueblo inventa, personificándolos con las cualidades que desea encontrar en sus hombres públicos.
    De cuanto habéis coordinado para honrarme, acepto sin reserva haber sido el primero en estos últimos tiempos que ha intentado hacer que nuestros países sigan el movimiento del mundo moderno, derramando por las escuelas la educación sobre el mayor número de habitantes.
    Pero a otra causa atribuyo la singular simpatía con la que soy recibido en Paraguay. Es el corazón y la sangre que hablan por vuestra boca. Éramos argentinos y paraguayos hasta la embocadura del Río de la Plata. Paraguay está escrito sobre las Pampas en los antiguos mapamundi y globos que nos venían hasta hace poco y argentinos erais vosotros hasta los tiempos que alcanzan al nuestro. Estoy, pues, entre deudos, parientes, y amigos.”2
    Las últimas palabras de Don Faustino quedaron sepultadas entre la avalancha de aplausos y vítores de la gente allí reunida.
    A pesar de la euforia reinante en el ambiente, mis pensamientos estaban ajenos a aquella algarabía.
    A mí alrededor, pude ver con tristeza, los edificios asuncenos que a mi partida estaban siendo construidos febrilmente y que ahora llevaban las cicatrices del bombardeo sufrido hacia ya un poco más de diez y ocho años, entre ellos el palacio mandado a construir por Don Francisco Solano López y que nunca pudo habitar.
    Si bien las personas que nos rodeaban estaban vestidas a la usanza europea, un poco más alejadas se encontraban otras en donde predominaban las mujeres vestidas concamisón blanco y rebozo sin ningún tipo de calzado, con sus cántaros y cestas llenas de chipas como las recordaba.
    La ausencia casi total de hombres era el reflejo de la guerra.
    Sin hacer caso a los discursos políticos, traté de reconocer entre los presentes alguna cara amiga pero por más que me esforzaba no encontré a nadie.
    Sin darme cuenta me fui apartando del puerto, caminando por la Calle de la Aduana Nueva3 , en dirección a donde se encontraba la casa de Don Venancio López que había sido convertida en un lujoso hotel. Al pasar junto a un afilador de cuchillos que se encontraba sentado junto a la entrada, éste se asustó tanto al verme, que cayó al suelo con estrepitoso ruido metálico.
    El hombre, de unos treinta y seis años, que llevaba una prótesis metálica en el lugar donde debería estar su pierna derecha, dijo preso del pánico tratando de pegar su cuerpo a la pared del edificio:
    - ¡Ave María purísima...! ¡Un pora!
    Sin comprender la reacción del pobre hombre intente ayudarlo pero este lo impedía tomando distancia con su bastón que blandía como si fuese una espada.
    ¡Pora, pora!-gritaba asustado y alarmando, al botones del hotel y a un grupo de residentes de este que se acercaron a la puerta a ver que pasaba.
    ¡Dios mió!, es imposible- dijo una mujer vestida con ropa de camarera-. ¿Gustav, es usted? ¡Está vivo!
    Disculpe... ¿la conozco?
    Mi nombre es Lourdes, Lourdes Herrero, de Luque. ¿Me recuerda?
    Miré a la mujer que aparentaba mucho más de los años que tenía y reconocí detrás de su rostro prematuramente arrugado, a la alegre luqueña amiga de mi difunta esposa Azucena. Inmediatamente miré al muchacho que blanco como un papel me miraba atónito. A pesar de la terrible mutilación, a la altura de la rodilla, y su aspecto desaliñado pude reconocer a Gustavo, el hijo de Don Giuseppe, el herrero de Loma Tarumá.
    En su rostro, curtido por el sol y vaya a saber por cuantas penurias de la guerra pasada, todavía se destacaban sus expresivos ojos azules y su prominente nariz.
    Extendí la mano a Gustavo, para ayudarlo a levantarse, al tiempo que dije:
    ¡Que alegría de verlos!
    Pensamos que había muerto en el río... después que le dispararon los hombres del teniente Díaz- dijo la mujer sin poder creer todavía lo que veían sus ojos.
    Créanme que hubiese preferido cambiar mi suerte por la de Azucena... Ella y nuestro hijo no deberían haber muerto de ese modo...
    Pero... Azucena no murió en el río- musitó la mujer.
    ¿Que quiere decir?... Azucena no...
    ¡Señora Herrero!-exclamó interrumpiendo un hombre con acento porteño- Se le paga para que trabaje no para que sociabilice con los transeúntes.
    ¡Disculpe señor! Es que el caballero preguntaba si había cuartos disponibles...-respondió la mujer bajando la cabeza sumisamente y hasta si se quiere en forma humillante.
    ¿Es cierto eso caballero? ¿Desea hospedarse en el Hotel Argentino?- inquirió el hombre vestido con un pulcro traje negro con chaleco, de cuyo bolsillo asomaba la gruesa cadena de oro de su reloj.
    Acabo de llegar en el vapor San Martín... y sí, quisiera hospedarme en este lugar.
    En este hotel siempre hay cuartos para ciudadanos respetables provenientes de Buenos Aires-respondió servilmente el hombre- Señora Herrero lleve hasta el cuarto numero cinco el equipaje del caballero.
    No hace falta señor...-dije deteniendo a Lourdes que se había precipitado a obedecer la orden de su patrón como si este fuese un terrorífico cíclope salido de los relatos de Homero-. Yo llevaré mi equipaje, es que tengo equipo delicado en él.
    No se preocupe caballero, Lourdes no es torpe como la mayoría de la chusma de esta ciudad, hasta sabe leer. ¡Por eso la he contratado!-dijo el hombre acercándose a mi como queriendo evitar que la muchacha escuche sus hiriente palabras.
    Como le he dicho, prefiero subir yo mismo mi equipaje aunque puede acompañarme para indicarme la ubicación del cuarto.
    ¿Esta sorda señora? Vamos, rápido... Lleve al caballero a su habitación.
    Lourdes, siempre con la cabeza gacha obedeció a su patrón pidiéndome con voz casi imperceptible que la siga, luego de tomar de la conserjería un manojo de llaves de bronce.
    Al llegar a la puerta de la habitación, luego que la mujer abrió la puerta, pregunté:
    La confesión que me hizo en la calle respecto a mi esposa me quema en el pecho. Dígame ¿Azucena sobrevivió a aquel día? ¿Está... viva?
    Azucena sobrevivió a aquel disparo que la lanzó al río según lo que supe tiempo después, aunque habría sido mejor, para ella, morir en ese momento.
    ¿Que quiere decir con eso?
    Ella enloqueció de tristeza arrojándose a las aguas del río Paraguay, desde el peñasco de Ita Pyta Punta, meses después.
    Una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo. Mi corazón, que latía acelerado, parecía estallar.
    ¿Y el bebé? ¿Nació mi hijo?
    La muchacha, al escuchar estas palabras dejó caer al suelo el manojo de llaves el cual se apresuró a levantar diciendo nerviosa:
    No sé nada con respecto al bebé. Ramona no me dijo nada al respecto y si sabía se lo llevó a la tumba. Disculpe, debo volver a mis obligaciones, la guerra nos ha cambiado la vida a todos.
    No tiene porque disculparse Lourdes, la comprendo...-dije tomándole su ajada y callosa mano. Todos tenemos nuestros fantasmas.
    ¿Tiene más equipaje en el puerto? Puedo hacer que mi hijo vaya por él – dijo la mujer, apartándose de mí.
    No. No he venido por mucho tiempo, éste es mi único equipaje. solo el tiempo necesario para escribir unos cuantos artículos sobre Don Domingo Faustino Sarmiento y su estadía en Paraguay.
    Está bien...si necesita algo hágamelo saber.
    Eran visibles los estragos que los horrores de la guerra habían hecho sobre aquella que fuera una risueña y encantadora muchacha, cuyo promisorio futuro se había desmoronado, al igual que el esplendor y glamour de Asunción en los años que la conocí.
    Me acerqué al balcón de la habitación y vi alejarse con dificultad a Gustavo que arrastraba su falsa pierna ayudado por su bastón, deteniéndose para comprar de una burrera, una chipa.
    Permanecí detrás de aquella ventana de finos cortinados, quizás los mismos que Don Venancio López había mandado a colocar años atrás, hasta mucho después que desapareciera de mi vista el joven afilador de cuchillos.
    Me recosté en la mullida cama con la intención de descansar un instante mis fatigados huesos pero el sueño me venció.
    Desperté con las primeras luces del día y la añorada sinfonía de las miles de aves que volaban sobre la verde espuma vegetal, salpicada de rosa, blanco y amarillo de los lapachos en flor, en la que se encontraba inmersa la ciudad.
    Acomodé mis escasas pertenencias en una cómoda de la habitación y tomando mi libreta de anotaciones comencé a escribir sobre el viaje de Buenos Aires a Asunción.
    Al momento que mi reloj marcó las ocho de la mañana, me disponía a bajar a desayunar, cuando escuché que golpeaban la puerta de la habitación.
    Señor, disculpe, este sobre acaba de llegar para usted -dijo un muchacho de unos veinte años, cabello negro como la noche y, lo que más me llamó la atención, vivaces ojos azules.
    Gracias- dije tomando el sobre para luego entregarle unas monedas.
    La nota remitida por el General Sarmiento decía:
    Estimado Mister Demczszyn:
    Luego de haber caminado por la ciudad de Asunción, he quedado sorprendido por la exactitud y puntillosidad de su relato durante nuestra agotadora travesía. Tanto que al ver algunos edificios pude reconocerlos y sorprender a mis anfitriones dando los nombres de sus antiguos dueños.
    Quisiera me acompañe en el almuerzo para que me siga narrando sobre su paso por estos lugares.
    Podrá encontrarme en el lugar al que llaman “La cancha sociedad”.
    Atentamente
    Domingo Faustino Sarmiento.
    A levantar la mirada de la nota vi que el muchacho se encontraba todavía delante de mí observándome.
    Dígame joven: ¿Queda lejos de aquí la Cancha Sociedad? ¿Podría indicarme como llegar hasta ese lugar?
    El muchacho sonrió con una sonrisa que pareció iluminar la habitación y dijo:
    Claro que conozco ese lugar, si quiere puedo conseguirle un coche para que lo lleve, o puedo enseñarle donde abordar el tranvía.
    ¿Es lejos de aquí ese lugar?
    No más de tres kilómetros.
    Me gustaría ir caminando ¿Puedes indicarme como puedo llegar?
    ¡Si quiere lo acompaño! Mi madre me ha dicho que usted conoció a mi tía y a mi abuelo.
    ¿Eres el hijo de Lourdes Herrero? ¡Claro que me gustaría que me acompañe!
    Así es, mi nombre es Gustavo Herrero.
    Claro que conozco a su abuelo, Don Toribio, y a su tía, Mónica. Dígame: ¿cómo están ellos?
    El muchacho hizo una breve pausa, lo que me indicó que mis palabras no habían sido acertadas, y respondió:
    Mi abuelo murió poco antes de que la capital se traslade a Luque, durante la guerra, mientras que de mi tía nada se sabe. Probablemente haya muerto como tantas residentas4.
    ¡Lamento lo que dice!, disculpe mi torpeza... es que...
    No se preocupe, son cosas de la guerra.
    Tiene razón, la guerra nos cambió a todos.
    Para las nueve de la mañana estábamos en camino Al lugar donde se hallaba hospedado Don Domingo.
    Gustavo era un joven muy agradable e inteligente, de conversación fluida y vivaz. Un poco más alto que yo, vestía una camisa blanca al igual que su pantalón. A pesar de su condición social y a diferencia de muchos muchachos de su edad, usaba unos zapatos negros raídos por el tiempo.
    A lo largo del trayecto pude ver las heridas no cicatrizadas de Asunción, como ser las paredes destrozadas por las baterías brasileñas del palacio de Francisco Solano López; o un ambay, de grandes hojas en forma de mano, creciendo junto a la cúpula a medio terminar del derruido aunque derruido edificio, copia del Scala de Milán, que debía haber sido el Teatro Nacional, ubicado frente a la que fuera la casa de doña Elisa Linch; e infinidad de casas abandonadas con las puertas y rejas arrancadas, mudo vestigio del pillaje del ejercito aliado.
    El silbato de un tren me hizo mirar a la estación del ferrocarril, ahora en posesión de una empresa británica.
    ¡Mi madre estuvo en la inauguración de la estación!-dijo orgulloso el muchacho que hasta ese momento poco había hablado pero se había dado cuenta de mi interés por la ciudad y sus edificaciones.
    Yo también estuve ese día. Lo recuerdo como si fuese ayer. ¿Ve aquellas columnas de la recova? De ellas colgaba un cartel de tela con el nombre del presidente de ese entonces. Su madre y tía acompañaban a una señorita que se apellidaba Garmendia. Las tres eran muy amigas de la que tiempo después fue mi esposa.
    Mi madre me contó anoche sobre su esposa. Ella se suicidó arrojándose al barranco de Ita Pyta Punta. Al igual que a mi tía, la guerra se ha tragado a muchos seres queridos sin que podamos saber donde descansan sus restos. En algunos casos, como en el de la señorita Garmendia, se sabe que fue asesinada por el mismo López, pero en otros como el de mi tía Mónica...
    ¿El General López mató a Pancha?
    El Mariscal mandó matar a muchas personas a quienes en su delirio creyó conspiradores, entre ellos Pancha. Según se dice, la desdichada fue lanceada, debido a que en esa época había muy pocas balas.
    ¡No puedo creerlo!
    Pues así cuentan los que sobrevivieron.
    Luego de unos minutos de fluida conversación divisé la entrada de la antigua quinta de Salinares donde conocí a doña Elisa Linch.
    Allí es-dijo Gustavo señalando la entrada de la quinta.
    Pero si es la casa de doña Elisa.
    Ya no- dijo en tono burlesco sonriendo el muchacho-. Del mismo modo que los López confiscaron la propiedad que perteneció al ultimo gobernador español, ahora el lugar a sido adquirido por el Doctor Andreuzzi que llegó a Asunción hace cuatro años, tiempo que utilizó para transformar el lugar en un importante hotel, con su teatro de verano y la primera pista de patinaje del país, entre otras mejoras. Toda la sociedad asuncena viene a disfrutar de este lugar.
    Mi mente retrocedió en el tiempo y me pareció ver jugando en el nuevo jardín a los pequeños hijos del General López, del mismo modo que lo hacían la última vez que visité este lugar.
    La entrada al jardín del hotel se encontraba custodiada por un grupo de soldados, lo que llamó la atención al muchacho.
    Es curioso, no suele haber militares custodiando este lugar... salvo que... se encuentre el presidente Escobar ¡Como me gustaría conocerlo!
    Si está en el interior de la casa con Don Domingo trataré que se lo presenten.
    ¿Enserio? ¿haría eso por mí?-preguntó con una mirada pícara que me recordaba a alguien a quien no podía identificar.
    No se puede pasar, vuelvan por donde vinieron-ordenó uno de los soldados al ver que nos dirigíamos hacia la entrada.
    El general Sarmiento me ha invitado para almorzar con él- dije enseñando la nota que me enviara el sanjuanino.
    ¡Aguarde!-dijo secamente, casi ladrando, enviando al interior de la casa al otro soldado con la nota.
    No paso más de un par de minutos cuando el enviado volvió corriendo.
    ¡El señor Presidente quiere que pase!
    Avance un par de pasos cuando el fusil de uno de los soldados impidió el paso a Gustavo Herrero que venía detrás de mí.
    ¡Elpies descalzosno entra!
    El joven viene conmigo, además, no veo que esté descalzo-dije enérgicamente.
    No me importa con quien venga. Este lugar es para la alta sociedad asuncena. Los sirvientes no entran.
    ¿Que ocurre ahí? –dijo un hombre de uniforme que acaba de salir de la casa.
    El guardia de la puerta al escuchar al militar se puso firme como una tabla y cuadrándose respondió:
    Disculpe mi general, este muchacho no comprende que en este lugar no se admiten pies descalzos.
    El muchacho viene con migo, soy un viejo amigo de su madre -dije mirando fijamente al general.
    Mejor me voy...-dijo Gustavo retrocediendo y reconociendo en aquel militar al ex presidente Bernardino Caballero.
    Déjelos pasar soldado- ordenó, con asentó italiano, otro hombre que resultó ser el dueño del lugar-¡Los amigos de los amigos del General Sarmiento, son mis amigos!
    El interior poco había cambiado en cuanto al decorado, aunque ninguno de los bellos muebles, incluido el piano, se hallaban en el lugar.
    Sarmiento, se hallaba sentado junto a una larga mesa acompañado por Don Esteban Adrogue, Don Belén Sarmiento, el general Bernardino Caballero, Don José Segundo Decoud y el actual presidente, el general Patricio Escobar.
    Don Andreuzzi, él es el hombre de quien le hablé-dijo Sarmiento desde su silla mientras encendía un habano.
    Pasen siéntense -dijo el anfitrión-. Los amigos del general son bienvenidos a mi hotel. ¿Vinieron en el “Conductor universal”5?
    No, insistí en venir a pie, estoy acostumbrado a caminar mucho.
    Veo que ha venido acompañado- señaló el general Sarmiento.
    Así es Don Domingo, como le dije al general, el es Gustavo Herrero hijo de una amiga de mi difunta esposa.
    ¿Su padre era europeo?- preguntó Don Andreuzzi observando en el muchacho rasgos caucásicos de los cuales no me había percatado hasta el momento, salvo sus penetrantes ojos azules de la misma tonalidad que los míos.
    En realidad no conocí a mi padre, el murió en la guerra...
    Comprendo... ¿y a que se dedica?
    Trabajo en el Hotel Argentino junto a mi madre, hago de maletero y toda tarea que se me pide por la mañana y por las tardes ayudo en la limpieza de las prensas del diario La Nación. En el tiempo que me resta estudio en la nueva escuela publica en lo que estoy poniendo todo mi empeño para en unos años ingresar en la recientemente creada Universidad Nacional.
    Me cae simpático jovencito-señaló el presidente Escobar quien escudriñaba la actitud firme y decidida de Gustavo al responder al dueño de casa-. En unos meses necesitaremos un mensajero... ¿Está de acuerdo Don Bernardino?
    El general Caballero observo calladamente al muchacho y dirigiendo la mirada a Don Decoud, quien asintió con la cabeza, dijo:
    ¿Está al tanto de la creación, el pasado dos de julio, del Centro Democrático6?
    Sí, fue fundado por los señores Antonio Taboada, José de la Cruz Ayala, y Cecilio Báez, lo leí en La Nación de esa fecha.
    Pues nosotros- prosiguió el ex presidente, señalando al general Escobar y a Don José Decoud -, fundaremos otra asociación7 en unos meses y como dijo mi compañero de armas y actual presidente de la república, necesitaremos un mensajero.
    Si le interesa lo tendremos en cuenta-culminó el presidente Escobar.
    ¡Claro que me interesa!-dijo extendiéndole la mano entusiasmado al presidente quien, sorprendido por la decidida actitud del muchacho, se la estrechó.
    El General Sarmiento nos estaba contando que usted vivió en Asunción en la época de los tiranos López y que tiene muy buenas historias de aquella oscura época ¿Es cierto eso?- preguntó el presidente.
    Así es-dije sentándome en la cabecera opuesta a la del general Sarmiento- Creo que todos los fotógrafos tenemos la característica de recordar muy bien los lugares en donde hemos estado. Como por ejemplo recuerdo bien este salón en la época en que vivió Madame Linch... por ejemplo... en aquel lugar se encontraba el piano...
    Me imagino que la madama Linch no se privaría de nada en este lugar. Pero todo ese lujo era producto de la sangre de nuestro pueblo- interrumpió el general Caballero, a pesar de haber sido uno de los oficiales de confianza del finado general López. - Pero cuéntenos, además de Asunción conoció otro lugar de la republica.
    Así es, viví unos meses en Paraguari, en los tiempos cuando todavía se llegaba a caballo. Mi suegro era dueño de unas tierras cercanas a la ciudad.
    Todavía no puedo comprender como un hombre venido de Europa decide casarse con una paraguaya... -dijo como al descuido malévolamente Don Belén Sarmiento.
    No veo porque se asombra, Paraguay tiene bellas mujeres-respondió Don Decoud para luego dirigiéndose a mí y preguntar:- ¿Ha venido a reclamar esas tierras?
    No... no pensé en ello... además no tengo los papeles...
    Por favor caballero- rió el general Escobar- Luego de la guerra la mayor parte del Paraguay quedó sin dueño. Estoy seguro que podrá recuperar sus tierras, hoy convertidas en tierras fiscales, por unas cuantas monedas con las que se pagarán gastos administrativos. ¿Y se puede saber a qué se dedicaban en esas tierras?
    Mi suegro era el Coronel Ruiz Gato y tenía cultivos de algodón.
    El algodón de Paraguay es muy apreciado por nuestros amigos de Gran Bretaña –acotó Don Domingo mientras daba una gran bocanada de humo con su habano consumido hasta la mitad.
    Es por ello, que viendo la calidad del algodón que se producían en esas tierras y teniendo en cuenta varios factores como que el ferrocarril estaba próximo a llegar a la ciudad, y la necesidad de Gran Bretaña de conseguir algodón de calidad, dado que norte América estaba en guerra civil, con mi suegro pensamos en crear un centro industrial procesador de algodón, en donde Paraguay no solo exportaría algodón en rama sino que produciría a gran escala ropa de calidad para vender a la Confederación Argentina y a Gran Bretaña.
    Los presentes quedaron atónitos y en silencio al escuchar mis palabras, hasta que Don Decoud dijo:
    Es una pena que los López no hayan aprobado su idea. Se hubiera vuelto inmensamente rico... Bueno... esto solamente si hubiera tenido el beneplácito del gobierno y para ello... usted me entiende.
    No es tan así como usted piensa Don Segundo. Don Benigno López estaba de acuerdo y hasta me dio su apoyo hasta donde pudo.
    A ese López a veces lo iluminaba la razón- acotó el general Caballero- Por algo fue fusilado por su hermano.
    Me interesa lo que está diciendo- interrumpió el general Sarmiento- Cuéntenos más sobre aquellos sucesos.
    Como le dije antes de abordar el vapor que nos condujo a estas tierras-respondí al general-, mi pasado está lleno de hiel y el hablar de aquellos sucesos me hace revivir una época a la que creía enterrada. Pero como también dije debo enfrentar a mis fantasmas del pasado por lo que si disponen de tiempo iniciaré el relato desde el comienzo, meses después de mi casamiento en la iglesia de la Encarnación.

    ***
    Una tarde de diciembre, mientras tomaba mate con mi suegro en el patio de mi casa llegó un mensajero con una carta.
    Tomé el sobre y al ver la estampilla de un penique con la imagen de la reina victoria en negro matasellado en Liverpool lo abrí presuroso y luego de una rápida lectura grité de alegría.
    ¿Qué le ocurre? ¿A qué se debe este alboroto?-preguntó el coronel ante mi desborde.
    En esta carta están las noticias de nuestro futuro. Esta misiva me ha sido enviada por mi amigo de infancia y camarada de estudios Hans Estinhause a quien encargué averigüe sobre las maquinarias para nuestra empresa.
    Mi estimado Gustav-iniciaba la misiva escrita en alemán- como me has pedido he contactado con las empresas que se encargan de la fabricación de las máquinas desmotadoras Whitney y las de tejer Cartwright, quienes si bien en un principio se mostraron reticentes, al corroborar los fondos de tu cuenta como me lo aconsejaste, cambiaron inmediatamente de actitud y están deseosos de conocerte y hacer trato contigo. En lo que se refiere al costo de las maquinarias han tenido una pequeña variación desde la última carta que te envié y la tendencia es que siga subiendo por lo que te esperamos a la brevedad.
    El coronel luego de escuchar atentamente la misiva me dijo:
    ¿Qué tan bien conoce a este señor?
    A Hans lo conozco desde el inicio de mis recuerdos en Possen. El y su prima Tatiana son como mis hermanos. Con el tiempo fuimos camaradas de estudios hasta que se decidió por la rama de ingeniería. ¡No se imagina todas las aventuras que pasamos juntos!
    Mmm ¿Así que es ingeniero?
    Sí, se graduó en la Berufsakademie8 para luego ingresar en el ejército Prusiano.
    ¿Y que está haciendo en Liverpool? ¿Esta comisionado como agregado militar en Inglaterra?
    Él dejó el ejército y vive en Montmartre desde que se casó con una inglesa que es condesa... o marquesa, no recuerdo bien. ¿Por qué me hace este interrogatorio? ¿Acaso duda de mi amigo?
    Cuando se trata de una suma tan considerable de dinero... yo desconfiaría hasta de mi sombra.
    Pierda cuidado coronel. Solo esperaba esta carta para viajar a Liverpool.
    ¿A donde piensa embarcarse? ¿Acaso no pensaba decirme?-preguntó Azucena que, al parecer, hacia tiempo estaba escuchando la conversación.
    Parece que su sorpresa dejó de serlo – dijo Madame Lafaiette, que en ese momento venia con unos pastelillos de dulce de guayaba de la cocina.
    ¿Que quieres decir Mame? ¿Tú sabías que Gustav viajaría?-interrogó muy enojada mi esposa.
    Cálmate princesa, ya no tiene caso ocultarte este secreto que con Madame hemos guardado celosamente desde hace unos meses. Este viaje aparte de ser de negocios será un regalo para que conozcas la tierra en donde nació tu madre.
    ¿Me llevarás a Paris?-preguntó con la cara de una pequeñita a la que se le ha regalado una muñeca de porcelana.
    Así es, Iremos a Paris donde nos encontraremos con mi amigo, luego nos trasladaremos a Londres, y de ahí a Liverpool y Manchester- respondí al tiempo que, la muchacha, sin tener en cuenta que no nos hallábamos solos me abrazó y besó apasionadamente.
    Un momento jovencito- interrumpió la francesa golpeándome suavemente repetidamente el hombro. ¿Usted alguna vez vivió en Paris? ¿Conoce acaso algo de esa ciudad? ¿Como piensa mostrarle a mi niña algo que no conoce?
    No comprendo que quiere decir Madame... usted tenía conocimiento de este viaje...
    Es cierto, estaba al tanto. Es por ello que he decidido acompañarlos no vaya a ser que se pierdan en la gran urbe.
    Antes que pueda objetar nada, Azucena abrazó a la anciana y dijo:
    Claro que te llevaremos ¿Acaso encontraremos mejor guía para recorrer los lugares en donde vivió mi madre?
    Es una pena que no pueda acompañarlos-dijo mi suegro visiblemente emocionado-, alguien tiene que quedarse a cuidar nuestros intereses.
    Un par de días después, Azucena y yo acompañados por Madame Lafaiette abordamos el vapor “Marques de Olinda”.
    El Navío de bandera Brasileña proveniente de Corumbá, al mando del capitán Don Hipólito Betancour, nos llevaría a Buenos Aires haciendo escala en los puertos de Corrientes, Paraná, Rosario y San Nicolás.
    El vapor de madera con ruedas laterales, que desplazaba ciento ochenta toneladas con un motor de ochenta caballos de fuerza, nos condujo, sin contratiempos, al puerto de Buenos Aires en donde deberíamos hospedarnos por casi dos semanas en espera a que zarpara el buque que nos llevaría con destino a Río de Janeiro y de ahí trasbordar a otro que nos conduciría al puerto ingles de Southampton para finalmente embarcar hacia el puerto francés de “Le Havre” en la margen derecha de la desembocadura del río Sena.
    La ciudad de Buenos Aires, a la que nos dirigíamos y que sería nuestra primera escala, era la flamante capital de la confederación Argentina.
    Luego de la derrota del General Urquiza en la batalla de Pavón por parte de las fuerzas porteñas encabezadas por el General Mitre, el presidente Derqui renunció siendo imitado, meses después, por el vicepresidente Pedernera, declarando en receso al Poder Ejecutivo. Por este motivo las provincias delegaron el desempeño del poder ejecutivo, desde ese momento con sede en Buenos Aires, al victorioso Mitre por cinco años.
    Llamada por Pedro de Mendoza “Sitio Real de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire”, para cumplir la promesa que hiciera a la Patrona de los Navegantes que se hallaba en la Cofradía de los Mareantes de Triana y de la que él era miembro9 fue fundada por primera vez el tres de febrero de 1536 por el Adelantado anteriormente citado y por segunda vez por Juan de Garay el once de junio de 1580.
    Luego de nueve días de cansino viaje por las aguas de los ríos Paraguay y Paraná llegamos al río de la Plata al que los conquistadores españoles dieran el nombre de Mar dulce, debido a la extensión existente entre sus horilla, aproximadamente dos horas y media entre el puerto de Buenos Aires, donde nos dirigíamos, y la ciudad de Colonia del Sacramento en la republica oriental del Uruguay.
    Horas después, el buque se acercó gallardamente al puerto de la ciudad de Buenos Aires, anclando a cierta distancia del muelle.
    Sobrepasando unos pocos metros el nivel de las aguas en un terreno perfectamente llano, la ciudad que se levantaba ante nuestros ojos, formada por un compacto conglomerado de viviendas en donde se destacan la casa de gobierno, la aduana Taylor, entre otros edificios. La nueva capital argentina no presentaba el encanto y atractivo de agradables e imponentes panoramas como sí los tenía la ciudad de Paraná vista desde el río.
    A un cuarto de legua más abajo de la ciudad un profundo arroyo llamado Riachuelo, desemboca en el río; navíos de hasta trescientas toneladas entraban para varar o para anclar al abrigo de las tormentas, aunque las naves de menor calado que lo hacían delante de la ciudad también están a cubierto por un gran banco de arena que forma con la orilla un canal muy seguro y cómodo. Entre la costa y el banco de arena, a lo largo de la ciudad, un canal conduce a las naves de trescientas a cuatrocientas toneladas del puerto al Riachuelo.
    ¡Que cambiado que está el puerto!, apenas puedo reconocerlo- exclamó Madame Lafaiette. Ese muelle y aquel edificio redondo no existían cuando llegamos a estas tierras con tu madre hace casi veinte y cinco años.
    Tiene Razón Madame –interrumpió un viajero que había abordado la nave en la ciudad de Paraná-, el muelle de pasajeros, ubicado en el Bajo de la Merced, fue inaugurado hace apenas ocho años y facilita notablemente el embarque y desembarque de pasajeros en relación a lo que era en la antigüedad. Aquel otro edificio de forma semicircular es la nueva aduana Taylor, llamada así por el apellido del ingeniero que la diseñó... o sea un servidor- dijo el hombre haciendo una reverencia con su sombrero.
    Mucho gusto Mister Taylor – devolví el saludo estrechándole la mano mientras la francesa volvía a hablar:
    Recuerdo que en ese lugar había un viejo edificio fortificado- dijo Madame Lafaiette.
    Así es Madame. Era el antiguo fuerte español. El notorio auge alcanzado por el puerto de Buenos Aires ha hecho que se construyera la nueva aduana frente a la Plaza de la Victoria y detrás del edificio que usted ha mencionado, el cual fue derrumbado en parte. ¿Ven aquel edificio, con frente al río y de forma semicircular?, alberga cincuenta y un almacenes con techos abovedados, rodeados exteriormente por galerías. Sobre aquella torre central, como pueden observar, se encuentra el faro que es de gran utilidad debido a las características del puerto.
    Del centro de aquella moderna edificación salía un extenso espigón de madera utilizado como muelle principal, ladeado por aparejos que facilitan la carga y descarga de las mercancías.
    El capitán de la nave junto con varios oficiales nos ayudó a trasbordar sobre unos pequeños barcos de vela gracias a los cuales fuimos conducidos al muelle de pasajeros de unos doscientos metros de longitud ubicado al norte de la aduana Taylor.
    Al final de este muelle, nos topamos con dos pabellones octogonales de chapa acanalada y estructura de hierro fundido, traídos desde Gran Bretaña, para el control de equipaje10, en donde tras la verificación de nuestros documentos y bagajes pregunté al funcionario al no ver ningún buque con bandera inglesa anclado.
    Disculpe... ¿Podría indicarme si ya ha llegado el navío que debe partir con destino a Rió de Janeiro?
    ¿Usted cree que yo estoy acá para dar ese tipo de información? Rebúsquese por el puerto... capaz alguien sepa.
    Antes que pueda decir algo el funcionario llamó al siguiente de la fila, obligándome a seguir adelante.
    ¡Que desconsideración!-protestó Azucena.
    Como dicen en estas tierras- contestó Mister Taylor-, no se le puede pedir peras al olmo...que se le va hacer, pero... no se preocupen, es probable que venga con retraso. ¿Por que no se hospedan en su hotel y después averiguan?
    En realidad no tenemos reservación en ningún hotel ni conozco ninguno a parte del Hotel de Inmigrantes de la calle Corrientes Nº 8, en donde me hospedé por un día cuando arribé a estas tierras en junio del sesenta y uno.
    ¡Por la Reina! Estoy seguro que no querrá hospedarse en ese lugar y más aún estando en compañía de estas damas. Yo conozco aquí cerca el hotel de mi amigo Mister Esteban Adrogué.
    Entonces guíenos hasta ese lugar- dije a las ingles mientras tomaba del brazo a mi esposa y avanzábamos por el arbolado paseo de julio.
    Mister Taylor, con la frialdad que caracteriza a los británicos, llamó a un carruaje de alquiler que avanzaba por la calle Piedad11, ordenando al cochero, una vez que abordamos el vehiculo con nuestro equipaje, que nos lleve al hotel Provence.
    Si bien la modernidad de la ciudad de Buenos Aires distaba mucho de la varias de las ciudades de Europa, a diferencia de Asunción, tenía sus calles pavimentadas con empedrados que cubrían todas las calles, hasta quince cuadras al frente, derecha e izquierda de la espaciosa Plaza de la Victoria por la que el cochero cruzó de a drede, al percatarse que nuestro anfitrión era ingles.
    ¡Esta es la plaza de la Victoria!-dijo en voz alta el cochero-. Su nombre se debe a la aplastante victoria que los ciudadanos de Buenos Aires tuvimos sobre los ingleses al mando del Brigadier Beresford en el año seis, mientras el Virrey Sobremonte huía con los caudales públicos, a Lujan y luego a Córdoba, entre gallos y media noche.
    Era evidente que el inglés no estaba a gusto con la información dada a viva voz por nuestro simpático anfitrión. En su rostro podía verse su orgullo herido por las humillantes, para él, palabras del parlanchín cochero que prosiguió su relato:
    ¿Ven aquellas marcas de bala en la recoba?- señaló con su mano mientras detenía el carruaje para que podamos apreciar mejor-, son las marcas de las balas de nuestras fuerzas, ya que es tras esos gruesos muros donde se escondían... perdón... atrincheraban las tropas del falso gobernador cuando el Capitán de Navío Santiago de Liniers y sus mil doscientos hombres tomaron El Retiro provocando que los “atrincherados” se escon... perdón...se retiren a defender el fuerte que no llegó a ser tomado por la fuerza porque el gobernador de su majestad se rindió enarbolando la bandera púrpura y oro de España. ¿Ven aquella puerta, la principal del Cabildo? Es justo en ese lugar en donde fueron entregadas las banderas, estandartes y armas a Santiago de Liniers.
    El cochero en todo momento fingía ser cortés en sus palabras, aunque era más que sabido que la pequeña clase de historia estaba directamente dedicada a Mister Taylor, que estoicamente permanecía callado.
    Seguidamente, el cochero, reanudó la marcha explicando detalles de la construcción de la catedral, de reciente finalización, cuyo frontis se estaba adornando y la casa de gobierno que se encontraba a un lado del Cabildo.
    Unas cuadras después de haber salido de la Plaza de la Victoria todos creíamos que los ataques contra el ciudadano británico habían acabado. Sin embargo, con una sonrisa en los labios, el cochero señaló una casa cuyo balcón daba a la estrecha calle por la que transitábamos y a media cuadra de la iglesia de San Francisco:
    Esa es la casa en donde vivió mi madre. Desde ese balcón ella con mi abuela tiraban agua y aceite hirviendo a una de las columnas inglesas lideradas por un tal Pack que junto con otras formadas en total por nueve mil hombres, se atrevieron a volver un año después de los hechos que acabo de narrarles, para recuperar sus cosas y por supuesto la ciudad.
    El cochero siguió contando los pormenores de aquella segunda invasión del poderoso ejército inglés liderado por el General Whitelocke y como la ciudad organizada bajo las órdenes del alcalde de primer voto Martín de Alzaga.
    Finalmente llegamos al Hotel Provence en donde un empleado nos ayudó con nuestros equipajes.
    En el hotel, con un lujo digno del mejor hotel de Paris, nos registramos para retirarnos a recuperar fuerzas de nuestro agotador viaje fluvial y prepararnos para el que venía.
    Antes de subir las escaleras agradecí a Mister Taylor su gentileza y traté de minimizar el desagradable momento que el cochero le hizo pasar.
    No se preocupe, estoy acostumbrado a estas demostraciones de afecto que los porteños sienten hacia los ciudadanos de su majestad. Pero como dice el dicho, el que ríe último ríe mejor...
    ¿Que quiere decir? ¿Acaso sabe algo? ...
    El inglés sonrió malévolamente y encendiendo su pipa me dijo:
    Me imagino que sabe que los fenicios fueron los primeros comerciantes a gran escala de la humanidad. Sus barcos recorrían los mares conocidos e inclusive, algunos se aventuraron a recorrer los desconocidos con el solo fin de comerciar creando la necesidad de un producto determinado que desembocaba en la dependencia de esta ciudad para con los hábiles comerciantes.
    Disculpe, pero no comprendo a donde quiere llegar.
    El imperio Británico no pudo conquistar a esta ciudad por las armas, pero la ha conquistado económicamente. Hoy la mayor parte de todas las mercaderías que salen de su puerto van a Inglaterra y nuestras colonias, y lo más importante, al precio que nosotros fijamos. ¿Qué mejor conquista que esa quiere? A Su Majestad no le importa que un cochero hable de las glorias pasadas de unos campesinos incultos sino del lucro que obtiene, y obtendrá, de ellos y de sus descendientes.
    Esas palabras me hicieron recordar lo que yo pensaba era simplemente testadurez de Don Carlos Antonio López, al negarse a pedir un préstamo internacional a la banca inglesa, para financiar la propuesta del General Urquiza12. Paraguay no debía nada a nadie y de hecho esto le daba la posición para escoger a quien vender sus productos y a que precio.
    Un par de días después de nuestra llegada, estaba en el lobby del hotel, leyendo un ejemplar del periódico “La tribuna” de los hermanos Varela en el que un vocero hablaba en contra de la predica de otros periódicos de Buenos Aires de una guerra para liberar al Paraguay de una tercera generación de tiranos. ¿Será que gracias a la presidencia de Mitre, Don Francisco, podría llegar a un acuerdo en relación a los problemas internacionales? Todo parecía indicar que sí. Inclusive uno de los huéspedes me comentó que tenía conocimiento, gracias a un primo que trabajaba en la casa de gobierno, que el General Mitre mantenía una fluida correspondencia con el Presidente López.
    Gritos de desesperación me hicieron mirar hacia la escalera.
    Azucena, blanca como una hoja, bajaba corriendo pidiendo ayuda.
    ¿Que ocurre mi amor? Tranquilízate.
    Mame se ha desmayado en el baño. ¡Necesita un Medico!
    Un hombre, al escuchar los gritos, corrió para volver instantes después con un médico y una enfermera que socorrieron a Madame Lafaiette de inmediato.
    Mientras que el galeno, en compañía de Azucena y la enfermera, estaba atendiendo a la anciana agradecí al caballero, que tan rápidamente había reaccionado para prestarnos auxilio, y que resultó ser el dueño del hotel. Don Esteban Adrogué.
    Don Esteban, un hombre de cuarenta y siete años, de mediana estatura, delgado, con largas patillas y frente amplia, hijo de un inmigrante valenciano radicado a principios de siglo. Casado hacía veinte y tres años con Isidora Amestoy Arnais y Pinazo una porteña de alcurnia, era un hombre que después de dedicarse al comercio en el ramo de suelas, tuvo a su cargo varias obras públicas, entre ellas el puente sobre el Riachuelo. Fue además uno de los primeros propulsores del alumbrado a gas con el que se iluminaba la ciudad, inclusive por su iniciativa se pavimentaron muchas calles de ésta. En 1856, junto con Jorge Atucha, Mariano Saavedra y Jorge Iraola fundó, en la Plaza de las Artes, el Mercado del Plata.
    Con esta breve descripción trato de retratar a un hombre desinteresado y siempre buscando la manera de ayudar al prójimo, que acababa de llegar de su quinta “Los Leones” ubicada en el pueblo de La Paz, el cual había fundado hacia un año, en las lomas de Zamora.
    De amena conversación y viendo mi preocupación, me invitó a tomar un coñac y dijo:
    El doctor Ferreira de la Loma es un excelente profesional, de seguro ayudará a la mujer.
    ¿La señora es su pariente? -dijo con rostro preocupado el médico al bajar las escaleras junto con su asistente, luego de estar media hora atendiendo a la francesa.
    Es la nana e institutriz de mi esposa. ¡Es como si lo fuera!
    Entiendo... No quiero mentirle. Su problema es el corazón. Aunque con unos días de descanso sobrellevará su problema. Es cuestión de tiempo para que llegue lo inevitable.
    ¿Cree usted doctor que no debe proseguir nuestro viaje a Europa?
    Le seré franco, el cansancio provocado por un viaje tan extenso puede causarle la muerte, y como médico debo recomendarle que no lo realice. Converse con ella y trate de evitarle cualquier disgusto.
    Trataré de convencerla doctor.
    Dejaré al cuidado de la paciente a mi hija Liduvina, que es enfermera.
    Le agradezco doctor y muchas gracias por todo.
    Aboné los honorarios del médico y subí a la habitación en donde la anciana protestaba a la enfermera y a Azucena pues quería levantarse.
    Debería hacer caso a la enfermera Madame.
    No ha nacido nadie todavía que me diga lo que tengo que hacer- respondió enérgicamente la francesa. Es más ¡quiero que me dejen sola!
    Recuerde Madame, no debe agitarse, puede tener una recaída- sentenció enérgicamente la enfermera.
    Está bien, me quedaré en la cama, pero ¡Salgan de la habitación!
    Seguí a Azucena y a la enfermera.
    Cuando estaba cerrando la puerta, Madame Lafaiette dijo:
    Don Gustav, tráigame por favor una jarra de agua.
    Le traeré de inmediato-respondió la servicial enfermera con una gran sonrisa.
    Mire jovencita, creo que usted no se llama Gustav, así que no se meta en donde no la llaman.
    Salimos de la habitación y de inmediato volví con una jarra con agua y un vaso.
    Pase- dijo la francesa al escuchar mis golpes en la puerta-. Cierre la puerta, deje lo que trae en aquella mesa y siéntese junto a mí.
    Obedecí a la anciana que, tomándome las manos, prosiguió diciendo:
    No hace falta que me oculte lo que ya sé desde hace unos meses.
    ¿Que quiere decir Madame?
    No finja, sé que ese matasanos le dijo que estoy muriendo y es cierto, me lo dijo hace unos tres meses el doctor González en Asunción. Es por eso que quise hacer este viaje. Si he de morir quiero hacerlo en Montmatre.
    Pero el doctor dijo que un viaje como el que nos espera puede ser fatal.
    Nada pierdo con intentarlo. Ahora quiero que me escuche. Azucena no puede enterarse de esta conversación y mucho menos de mi estado de salud. Quiero que me lo prometa.
    Ante la firme determinación de la mujer no tuve otra alternativa que aceptar.
    Los días pasaron como robados por una ráfaga de viento.
    Mientras Madame Lafaiette permanecía en cama y esperábamos que el buque que nos llevaría a Río de Janeiro arribase, Don Esteban y su señora, nos mostraron a Azucena y a mí varios puntos atractivos de la ciudad como ser el paseo de la Plaza Marte, donde ese año se había erigido el monumento al General San Martín, libertador del yugo español de Argentina, Chile y Perú; a los recitales y cafés-concierto del Jardín Florida13, el hipódromo en El Retiro, e inclusive nos invitaron a un paseo en el ferrocarril, que partía de la Estación del Parque14 y que tenía una extensión de treinta kilómetros en esos años.
    De esta manera, durante el día, admiraba junto con mi esposa los distintos edificios y lugares de aquella pujante ciudad, mientras que por las noches aprovechaba para tomar notas en mi diario de viajes de cada una de estas vivencias y costumbres que caracterizan al porteño.
    Estos idílicos días y los que pasamos en Europa casi un mes después, debo confesar que fueron de los que más gratos recuerdos tengo junto a mí adorada esposa.
    Finalmente el día fijado para que nuestro buque zarpara llegó, como así también había regresado la salud de Madame Lafaiette.
    Tres días después de la navidad, que festejamos en la quinta “Los leones”, Don Esteban y su señora, de quienes nos habíamos hecho grandes amigos nos acompañaron al muelle de pasajeros.
    Viajeros y acompañantes se mezclaban entre abrazos y despedidas. Los hombres elegantemente vestidos con pantalón bombilla, cuello duro, corbatas de moño o plastrón, sacos con ribetes y galeras. Mientras que las damas, con vistosos bucles debajo de los amplios sombreros y coloridos vestidos estilo victoriano, se ocultaban coquetamente debajo de sus sombrillas de tela adornadas con moños y volados.
    Esta vez, una carreta con ruedas de un poco más de dos metros de diámetro fue la encargada de transportarnos con todas nuestras pertenencias a bordo de un buque de bandera inglesa llamado Mersey, que nos llevaría hasta la capital del Imperio del Brasil, previa escala en Montevideo.
    En el puerto carioca transbordaríamos al vapor Tyne, de mayor calado, que nos llevaría al puerto bretón de Southampton. Luego de nuestro viaje marítimo de aproximadamente veintiocho días deberíamos volver a transbordar a un buque con bandera francesa que, luego de cruzar el canal de la mancha, nos llevaría al puerto de Le Habre en tierras galas.
    El pequeño vapor, con eje y hélice de madera  de unas doscientas treinta y dos toneladas aproximadamente, llevaba una tripulación de veintidós hombres y veintinueve pasajeros, Levo ancla al tiempo que de sus negras chimeneas surgían grandes bocanadas de vapor.
    Con la precisión de un reloj, característica innata de los británicos, el buque divisó costas uruguayas en el tiempo establecido de dos horas y media.
    Montevideo, capital de la República Oriental del Uruguay, está localizada a orillas del Río de la Plata, casi frente a las costas de Buenos Aires, a unas treinta leguas de ésta. En 1726, Don Bruno Mauricio de Zabala, Gobernador de Buenos Aires, fundó San Felipe de Montevideo, como ciudad fortificada, con el objetivo de controlar el contrabando que se realizaba vía Colonia del Sacramento fundada cuarenta y seis años antes por los portugueses convirtiéndose desde entonces en el principal puerto español en el Atlántico Sur.
    Diseñada como una típica ciudad colonial en forma de damero rodeada de murallas, fue poblada por habitantes de las Islas Canarias que se sumaron a otras familias venidas desde Buenos Aires.
    A fines del siglo XVIII se convierte en el único puerto autorizado a introducir esclavos a las posesiones españolas en América del Sur con permiso de libre comercio sin trabas fiscales.
    Desde la barandilla del vapor pude apreciar en primer lugar un río que, entra tierra adentro con una isla pequeña, y desemboca en una ensenada o bahía en la cual hay otra isla en medio de su entrada que abriga y asegura de todo tipo de vientos, en especial los denominados pamperos y otros provenientes del mar, a los navíos que en este puerto buscan refugio.
    Una de las ventajas de este puerto con el de Buenos Aires es que tiene una profundidad considerable, permitiendo que navíos de gran calado lleguen casi hasta la costa además de no ser necesario el continuo dragado.
    El puerto estaba atiborrado de naves de distintas nacionalidades, Entre las que se destacaban las francesas, inglesas, alemanas, ondeando sus banderas nacionales y estandartes de las distintas compañías navieras.
    En la costa podían divisarse los muelles y las dos escolleras construidas a principio de siglo, una en la punta llamada “San José”, y la otra en la falda del cerro sobre la cual se destaca un faro. Un poco más allá se encontraba la rambla portuaria con sus muelles particulares donde, como hormigas, subían y bajaban pesados sacos en sus anchas espaldas los estibadores, en su mayoría vasco-franceses llegados a estas tierras como muchos europeos a hacerse la América.
    Horas después de nuestro arribo al puerto, el tiempo suficiente para subir un par de pasajeros y acomodar las bolsas del correo, los fornidos y hábiles marinos levaron ancla mientras el capitán ponía proa rumbo a la capital del Imperio del Brasil.
    No pasó mucho tiempo para que pudiéramos divisar la marcada divisoria que indicaba el límite del Río de la Plata y el Océano Atlántico. Esta línea demarcatoria estaba bien definida, como si hubiese sido hecha por la majestuosa pluma de Dios, separando de un lado el color aleonado del río con el azul oscuro del infinito océano en donde, a lo lejos, se podía ver un grupo de toninas.
    ***
    ¡Que épocas!-dijo Don Domingo, mientras encendía otro habano de penetrante aroma. En 1863 yo era gobernador de San Juan, después de haber sido ministro de Mitre en Buenos Aires, había cumplido ya cincuenta y dos años, y lucía un bigote canoso y esta calva que me acompaña de mis años mozos. Recuerdo que a pesar de algunos levantamientos como los del Chacho Peñalosa, 1863 fue un buen año para mí inclusive estreché lazos con mi hijo Dominguito-expresó esto último con tristeza para luego levantarse sin decir nada y salir de la habitación.
    Belén Sarmiento que conocía bien el estado en que se ponía su abuelo al recordar a su hijo muerto en la guerra del Paraguay dijo:
    Caballeros, creo que ha sido una buena velada, agradezco su visita pero comprenderán que el estado de salud de mi abuelo no es el mejor por lo que les pediría que termináramos aquí y nos citemos para otra oportunidad en donde estoy seguro el señor fotógrafo accederá a contarnos sus interesantes aventuras.
    ¡Estoy de acuerdo! –secundó enfáticamente el presidente Escobar mirando su reloj de bolsillo- Quiero seguir escuchando su relato, me interesa mucho lo que esta narrando.
    De esta manera salimos del hotel y mientras los generales Caballero y Escobar partieron en un coche con Don Decoud y Gustavo nos dirigimos a la parada del tranvía.
    ___________________________________________________________


    1 Fragmento del discurso de recibimiento a Domingo Faustino Sarmiento dado por José Segundo Decoud pronunciado el 24 de julio de 1887 ( Extraído del artículo del diario “La Nación”(Paraguay) del martes 26 de julio de 1887)
    2 Contestación de Domingo Faustino Sarmiento al discurso de recibimiento hecho a su persona el 24 de julio de 1887 ( Extraído del articulo del diario “La Nación”(Paraguay) del martes 26 de julio de 1887)
    3 Actual Avenida Colón.
    4 Se conoce con el nombre de “Residenta” al éxodo de habitantes de Asunción ante la inminente invasión del ejército de la triple alianza a esta ciudad.
    5 el Dr. Andreuzzi obtuvo la concesión para instalación de la línea tranviaria junto con el Dr. Morra, desde la plaza Uruguaya (Ex Plaza San Francisco) hasta la Cancha Sociedad de su propiedad. Esta empresa tranviaria llamada orgullosamente por su dueño “Conductor Universal” llegaba a lo que hoy conocemos como Gran Hotel del Paraguay. http://www.granhoteldelparaguay.com.py/htmls/valor_hist.html
    6 Esta agrupación fue la base para el actual Partido Liberal.
    7 La agrupación a la que se refiere es “ La Asociación Nacional Republicana”(Partido Colorado) fundado el 11 de septiembre de 1887
    8 En alemán: “Academia Vocacional” Fundada en Berlín en 1829
    9 “Buen Aire” es la castellanización del nombre de la Virgen Bonaria, o sea, la Virgen de la Candelaria que era venerada también por los navegantes de Cádiz, España.
    10 Actualmente desaparecido el lugar mencionado está ubicado entre las actuales Bartolomé Mitre y Sarmiento.
    11 Actual Bartolomé Mitre.
    12 Ver El fotógrafo de Loma Tarumá, capitulo VIII.
    13 Ubicado en la ciudad de Buenos Aires en las actuales calles Florida entre Córdoba y Paraguay
    14 Ubicada entre las calles Tucumán, Libertad, Cerrito y Viamonte. En el lugar, a principio del siglo XX se levantó el teatro Colón.

    Fuente digital: http://ahve.blogspot.com/
    Registro : Diciembre 2011


  • RUDI TORGA - TITULO ORIGINAL: LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE (CAMILO JOSÉ CELA, 1942) - TITULO EN GUARANÍ: PASCUAL DUARTE REKOVEKUE (2001) 29 Dec 2011 | 3:00 pm LETRAS PARAGUAYAS - POESÍA, NOVELA, CUENTO, TEATRO, ENSAYO

    


    TITULO ORIGINAL: LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE (1942)
    TITULO EN GUARANÍ: PASCUAL DUARTE REKOVEKUE (2001)
    © CAMILO JOSÉ CELA
    © De la traducción al Guaraní:
    con la colaboración de RODOLFO DAMI (h)



    Ilustración Portada e Interiores: Reyes Omelia
    Diseño de Tapa: Vicente Marsal Comunicaciones
    Diagramación : Simone Wedderhoff
    Compaginación: Simone Wedderhoff - Rudi Torga
    Impresiones: Edipar-Iturbe 1134
    Asunción, Paraguay
    1° Edición 1000 Ejemplares
    ISBN: 99925-809-3-3
    Impreso en Paraguay - Enero 2002
    © Editorial Medusa
    Edición al cuidado de Julio César Frutos Coronel.
     Editorial Servilibro
    Tel.: 595 21 444770



    PASCUAL DUARTE REKOVEKUE
    CAMILO JOSÉ CELA

    TRADUCCIÓN AL GUARANI
    DE RUDI TORGA


    PRESENTACIÓN

                La Fundación Carlos III, que cree en el sentido internacional de nuestro pasado y de nuestra avanzada sociedad del siglo XXI, siente una especial vocación americana, por ser de enorme relevancia para Hispanoamérica el reinado de Carlos III.
                El esplendor y madurez alcanzados por los Virreinatos americanos en el siglo XVIII haría precisamente posible su posterior independencia.
                Por todo ello, la Fundación constituyó hace seis años, el Foro Iberoamericano, al que pertenecen hoy, quince Presidentes de Repúblicas Iberoamericanas, entre ellos el Presidente Luis González Macchi, primer mandatario del Paraguay, más la totalidad de los Embajadores iberoamericanos acreditados en Madrid y destacadas personalidades de la vida española como el Presidente del Gobierno D. José María Aznar, el Cardenal Ronco Varela, Arzobispo de Madrid, su Alcalde José María Álvarez del Manzano y el Premio Nobel D. Camilo José Cela, Marqués de Iría Flavia, entre otros.
                Precisamente hace unos meses recibí la llamada de nuestro admirado D. Camilo José, interesado en conocer al Embajador del Paraguay en España D. Julio César Frutos. Organizada la reunión, nos informaba D. Camilo que su obra La familia de Pascual Duarte, era la obra en castellano mas traducida en el mundo a otras lenguas, después de El Quijote, y que su ilusión era que se pudiera traducir y editar en el idioma guaraní, una lengua viva, que forma parte de la vivencia de los paraguayos. El Embajador Frutos acogió el proyecto cultural con el apasionamiento que comparten las personas ilustradas y prometió a nuestro Premio Nobel que trabajaría para llevar adelante tan magnífica propuesta.
                La promesa se ha cumplido y hoy la Fundación Carlos III, en este principio de siglo y milenio, como una nueva etapa de las Luces, de la Ilustración, del Progreso y del Humanismo, tiene la inmensa satisfacción de presentar esta edición ordinaria de la gran obra "La familia de Pascual Duarte ", en versión bilingüe guaraní y castellano, para el disfrute de cuantos comparten la posesión de tan bellas lenguas.

                Madrid, 2 de octubre de 2001 
                CARLOS ESCUDERO DE BURÓN
                Fundación Carlos III
                Presidente



    PALABRAS DEL TRADUCTOR

                Cuenta J. Natalicio González en su libro Ideología Guaraní que Don Ramón de Valle-Inclán, después de seguir la huella de Rafael Barret en nuestra tierra, llegó a proyectar una novela paraguaya.
                En carta a Don Arsenio López Decoud decía desde el fondo de su montaña gallega, en el invierno de 1911: "Paraguay dejó en mi alma un recuerdo tan profundo como una mujer".
                Después de transcurrir casi cien años de aquella novela prometida, el Embajador paraguayo en la madre patria, Julio César Frutos Coronel, llega a culminar con éxito su gestión para que la novela La Familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela (Premio Nobel 1989), sea traducida al idioma guaraní. Una iniciativa que convierte en realidad la soñada narración de Don Ramón del Valle-Inclán.
                Según el arakuaave (sagrada sabiduría) los guaraníes recibieron en herencia del creador de la Vida en el Mundo: el ayvu (lenguaje humano).
                Etimológicamente aglutina dos conceptos: a viene de anga que significa alma e yvu que significa manantial. Así el lenguaje humano (ayvu) es el manantial del alma.
                Mediante el lenguaje humano el habitante de la tierra tiene memoria de su origen divino y mediante el ñe'ẽ, la palabra, él adquiere su ser.
                El ser de cada persona crece en el intercambio del mutuo conocimiento y se traduce en el porayhu, amor entre semejantes. Para llegar a esa armonía los seres humanos, practican el ñomongeta (diálogo). Aglutina tres conceptos: ñomo-anga-pyrenda. Significa: Poner en armonía las almas. En conclusión: dialogar es poner en armonía las almas de las personas entre sí, para lograr la comunión de la comunidad humana.
                Los habitantes de la tierra recibimos como testamento de la divinidad la misión de hacernos verdaderos seres humanos mediante el ñembo'e, orar, enseñar, aprender. Cada ser humano adquiere su ser. Y expresa ese ser en la palabra.
                Con este ser establece vínculos con su origen, con sus semejantes y con el Creador. Y realiza el esfuerzo de vivir en armonía con la naturaleza, con todas las manifestaciones de la vida y con el Universo.
                Pascual Duarte, el protagonista de la novela de Camilo José Cela, mucho ha luchado para descubrir el camino del verdadero ser humano de acuerdo a su cultura rudimentaria de español. Para comprender su compleja desgracia, su "tremenda" deshumanización y su rechazo de la piedad, recurrió a la palabra.
                La traducción del español al guaraní de la novela La Familia de Pascual Duarte resulta toda una conversión espiritual. Con el título de Pascual Duarte Rekovekue se realiza un renacer del personaje en una inédita cultura inmemorial y universal. Pascual Duarte, expresándose en el idioma nativo paraguayo, aún cuando el escenario de su vida sea el suelo ibérico, se ha convertido en un campesino guaraní.
                Al decidir encauzar su vida en la narración, recupera su palabra raigal. Y en la recuperación de su palabra soterrada en su infortunio libera su ser.
                Interpretando desde la cultura guaraní, la tragedia de Pascual Duarte se origina cuando la cultura a la que pertenece, le impone una cultura que excesivamente privilegia el tener, cuando sencilla y humildemente quería ser.
                Con la traducción de la novela "La Familia de Pascual Duarte" en "Pascual Duarte Rekovekue", la literatura paraguaya en idioma guaraní pasa de la poesía a la narrativa. Y definitivamente se acredita una vigorosa y luminosa idoneidad, para estar a la altura del nivel estético más exigente en la escritura.
                Nuestro ferviente deseo es que esta novela tenga igual reconocimiento en su versión guaraní, como en su versión española. El idioma guaraní, como nunca, ha demostrado ser un idioma que puede asimilar toda la miseria y toda la grandeza de la condición humana de todos los tiempos.
                RUDI TORGA


    PRÓLOGO
    PASCUAL DUARTE EN GUARANÍ

                Quizá para probar su ciencia y paciencia, y también para tentar la suerte, ese juego de dados en el que los dioses no intervienen, a mi vapuleada criatura Pascual Duarte, el antihéroe con cuya alma todos tiraban al blanco, me la han puesto ahora en guaraní, la susurrante y melodiosa lengua general que se habla, o se hablaba y aún se sigue hablando, en la mesopotamia que forman las remotas y próvidas fuentes del Río de la Plata, como el quechua es la entrecortada y silbante lengua general que se habla, o se hablaba y aún se sigue hablando, por los montes y las barranqueras del Cuzco y el latín es la culta y precisa lengua general que se habla, o se hablaba y por incuria de todos ya no se sigue hablando ni entre los sabios europeos, ni en la costa dálmata, las penínsulas Apenina e Ibérica y las amplias Galias del buen yantar y el buen yogar.
                En guaraní se dice que la rikorãja'irrikopáma, la mboriahurãja'imboriahupáma; los que debían ser ricos, ya son todos ricos; los que debían ser pobres, ya son todos pobres (en jopará, la jerga que trota a caballo entre el guaraní y el español, no sé cómo se dirá este pensamiento que a lo mejor no pasa de refrán; al híbrido entre el gallego y el castellano, que es la jopará que hablamos a trancas y barrancas en el noroeste de la
    Piel de Toro, quienes ignoramos la frontera entre nuestras dos lenguas, los gallegos le llamamos castrapo, y digo lo que queda dicho para que el curioso lector adivine lo que quiero decir). Pascual Duarte, que nació, vivió y murió pobre, se hizo rico en lenguas en el otro mundo y también en sabidurías literarias, todas ajenas al mérito e incluso a la voluntad del autor, se conoce que estaba predestinado porque mboriahu aka’ári mante ho’a la rayo, el rayo sólo cae, para iluminarlas o incendiarlas, sobre las cabezas de los pobres.
                En guaraní lo que no se dice y se oye, no existe; ni siquiera lo que se lee e incluso lo que se ve, de ahí el prestigio del rumor - la radio so'o, la radio de carne - y de la radiodifusión.
                A Pascual Duarte lo entienden ya en varias lenguas, esto de la poliglotía es barbechera en la que pueden crecer las yerbas más variadas y extrañas, más heterogéneas y misteriosas sin que nadie pueda llamarse andana de lo que pudiera ser el compromiso de los correctos entendimientos de la palabra articulada, cuyo emocionado conjunto es como un nido de avispas: anike repyvoi káva raityre, aconsejan los guaraníes, no pises el nido de las avispas. Declaro que no me siento culpable de que mi pobre títere Pascual Duarte, desde su escaño del cielo, desde su banqueta de la tierra sin mal, el yvy marane’ỹde estos hombres y estas mujeres, sonría cuando vuelve la cabeza atrás y lee la historia en las estrellas del firmamento.
                Es bueno esto de que la palabra del hombre quede flotando en el aire como el sutilísimo polvo que dibuja el rayo de luz que entra por la ventana a medio cerrar, y ya Horacio nos brinda consuelo cuando se consuela a sí mismo diciendo a media voz que gracias a su palabra no morirá jamás del todo.
                Esta edición de mi novela es bilingüe, como lo fueron las de sus traducciones al latín, al romanó, al esperanto, al tagalo y al hebreo, la única lengua gloriosa y orgullosamente resucitada por el hombre; el jesuita mallorquín Bartomeu Meliá, una de las más respetadas autoridades en la cultura indígena paraguaya, dice que esta latitud está felizmente condenada al bilingüismo del castellano y el guaraní. Como no soy augur, ignoro la suerte que correrán las confesiones del Pascual Duarte en esta lengua remota y bella como la sonrisa de una princesa de la selva con el corazón herido por el venenoso dardo del amor imposible; la ignoro, digo, pero no la temo porque, en comunión con el Dante, proclamo que el amor y el corazón gentil son la misma cosa.
    Incosol, Marbella, San Lorenzo del MMI.
    Publicado en ABC de Madrid el domingo 2 de septiembre del 2001



    NOTA DEL TRANSCRIPTOR

                Me parece que ha llegado la ocasión de dar a la imprenta las memorias de Pascual Duarte. Haberlas dado antes hubiera sido quizás un poco precipitado, no quise acelerarme en su preparación, porque todas las cosas quieren su tiempo, incluso la corrección de la errada ortografía de un manuscrito, y porque a nada bueno ha de conducir una labor trazada, corzo quien dice, a uña de caballo. Haberlas dado después, no hubiera tenido, para mí, ninguna justificación; las cosas deben ser mostradas una vez acabadas.
                Encontradas, las páginas que a continuación transcribo, por mí y a mediados del año 39, en una farmacia de Almendralejó -donde Dios sabe qué ignoradas manos las depositaron - me he ido entreteniendo, desde entonces acá, en irlas traduciendo y ordenando, ya que el manuscrito -en parte debido a la mala letra y en parte también a que las cuartillas me las encontré sin numerar y no muy ordenadas-, era punto menos que ilegible.
                Quiero dejar bien patente desde el primer momento, que en la obra que hoy presento al curioso lector no me pertenece sino la transcripción; no he corregido ni añadido ni una tilde, porque he querido respetar el relato hasta en su estilo.
                He preferido, en algunos pasajes demasiado crudos de la obra, usar de la tijera y cortar por lo sano, el procedimiento priva, evidentemente, al lector de conocer algunos pequeños detalles -que nada pierde con ignorar-; pero presenta, en cambio, la ventaja de evitar el que recaiga la vista en intimidades incluso repugnantes, sobre las que -repito - me pareció más conveniente la poda que el pulido.
                El personaje, a mi modo de ver, y quizá por lo único que lo saco a la luz, es un modelo de conductas; un modelo no para imitarlo, sino para huirlo; un modelo ante el cual toda actitud de duda sobra; un modelo ante el que no cabe sino decir:
                - ¿ Ves lo que hace? Pues hace lo contrario de lo que debiera.
                Pero dejemos que Hable Pascual Duarte, que es quien tiene cosas interesantes que contarnos.




    MARANDU OJAPO VAEKUE KUATIÁPE OMBOHASÁVA KO MOMBE'USYRY.

                Hi'ãchéve oguãhẽmaára ñamyasãĩhaguãkuatia haipyrépe, ko Pascual Duarte rekovekue. Ñaguenohẽvoíve rire osẽmo'ãñemyaña myañãme, nambopya'eséi kuri jaikuaa rupi opaite mba’e ndaikatuiha jajapo hi'arape'ỹ, jepe, ko mombe'usyry jehai porãñemyatyrõndaha'ei vaicha tembiapo guasueterei. Oje'eva voi mba'eve nosẽporãiha rejapónterõrejapo vaerãguirei mba'e rejapotava, kavaju pysapẽme rehairõguáicha. Upéicha avei, mamorieténte ñasẽvaerãmo'ãjaikuaauka rire ko mombe'usyry, ñamopyrenda porãmboyve. Mba'e jaikuaaukátava, jaikuaauka vaerãhi'araitépe, oĩporãmbaite rire.
                Ajuju rire, ko'ãkuatia haipyre, peteĩteĩahai pyahuete jeýva, ha'ema haguéicha ajuhu vaekue che ha oimene pe 39 ary mbytérupi, peteĩpohãñemuhãpe (farmacia) Almendralejo pe opytáva. Ñandejára mante oikuaáne mávanepa ra'e oheja raka'e upépe. Ambohasa retia'e porãheseve che rekove, upéguive ko'agãitepeve, amohenda ha amyatyrõnguévo pe tapicha ohai vaekue - rasa ohai vaipa vaekue ha hí'ariete onemohenda juavypa vaekue, oñemzohesakã'ỹre mávapa opytavaerãtenonde terãtapykuépe - ha'e haguéicha pe tapicha ohaí vaekue hasyetereíva ñaikumby pe he'iséva umi iñe'ẽhaipyrépe.
                Aipota hesakãporãiñypyrũhaite guive, ko mombe'usyry amoguahẽva mayma ohesa'ỹijotávape, ndaha'eiha che rembiapokue. Che ambohasa pyahuete jeýnte kuatiápe pe tapicha ohai hagueichaite. Namoĩri ha ndaipe' ai mba'eve pype. Aheja pe ohai ypy haguéicha ijapohare.
                Upevére, umí he'i pohýi etereihápe, aiporumante hese jetapa ha aíkytĩumi ipohyi kuete. Ko ajapóva ohejáta, hesakãma voi upéichataha, mayma kuatia moñe'ẽhára kuérape oikuaa'ỹre heta mba'e ojehumimi vaekue. Mba'eguasueterei niko ndojavy mo’ãi upe haguére. ja'etarõañetegua, péicha rupi, kuatia moñe'ẽhara kuérape ndohesa reraha mo'ãi umi mba'e vai kañymby oikóva, sapy'ante jahecharõrasaite ñanembójeguarúva. Upévare ha'e jeyta ko'agã, iporãve ñamo apesýi rãngue ñaikytĩete.
                Ko yvypóra, che ahecha haícha, - ha oiméne hína upévarente voi aguenohe chupe ojekuaa haguãko arapýpe - peteĩkuimba'e techapyrãva hekove, jeperõndaha'ei ñasãnte vaerãjajapo umi ha'e ojapo vaekue; nahániri, ha katu jaha vaerãmombyry oĩhaguei mba'e ñane mbopyta ryrýiva apytépe, ko máva rovake hembypa. Ko máva techapyrãrenondépe, péva ñoiténtema ikatuve ja'e:
                - ¿Rehechápiko mba'epa ojapo? Ha'e ojapo  pe mba'eveicharõojapo'ỹvaerãaraka'eve.
    Ha jahejána toñe'ẽhekóítepe Pascual Duarte, ha'eve hína pe yvypóra oguerekóva heta mba'e omombe'u vaerãct ñandéve.



    CARTA ANUNCIANDO EL ENVIO DEL ORIGINAL

    Señor don Joaquín Barrera López.
    Mérida.

    Muy señor mío:

                Usted me dispensará de que le envíe este largo relato en compañía de esta carta, también larga para lo que es, pero como resulta que de los amigos de don Jesús González de la Riva (que Dios haya perdonado, como a buen seguro él me perdonó a mí) es usted el único del que guardo memoria de las señas, a usted quiero dirigirlo por librarme de su compañía, que me quema sólo de pensar que haya podido escribirlo, y para evitar el que lo tire en un momento de tristeza, de los que Dios quiere darme muchos por estas fechas, y prive de esa manera a algunos de aprender lo que yo no he sabido hasta que ha sido ya demasiado tarde.
                Voy a explicarme un poco. Como desgraciadamente no se me oculta que mi recuerdo más ha de tener de maldito que de cosa alguna, y como quiero descargar, en lo que pueda, mi conciencia con esta pública confesión, que no es poca penitencia, es por lo que me he inclinado a relatar algo de lo que me acuerdo de mi vida. Nunca fue la memoria mi punto fuerte, y sé que es muy probable que me haya olvidado de muchas cosas incluso interesantes, pero a pesar de ello me he metido a contar aquella parte que no quiso borrárseme de la cabeza y que la mano no se resistió a trazar sobre el papel, porque otra parte hubo que al intentar contarla sentía tan grandes arcadas en el alma que preferí callármela y ahora olvidarla. Al empezar a escribir esta especie de memorias me daba buena cuenta de que algo habría en mi vida -mi muerte, que Dios quiera abreviar- que en modo alguno podría yo contar; mucho me dio que cavilar este asuntillo y, por la poca vida que me queda, podría jurarle que en más de una ocasión pensé desfallecer cuando la inteligencia no me esclarecía dónde debía poner punto final. Pensé que lo mejor sería empezar y dejar el desenlace para cuando Dios quisiera dejarme de la mano, y así lo hice; hoy, que parece que ya estoy aburrido de todos los cientos de hojas que llené con mi palabrería, suspendo definitivamente el seguir escribiendo para dejar a su imaginación la reconstrucción de lo que me quede todavía de vida, reconstrucción que no ha de serle difícil, porque, a más de ser poco seguramente, entre estas cuatro paredes no creo que grandes nuevas cosas me hayan de suceder.
                Me atosigaba, al empezar a redactar lo que le envío, la idea de que por aquellas fechas ya alguien sabía si había de llegar al fin de mi relato, o dónde habría de cortar si el tiempo que he gastado hubiera ido mal medido y esa seguridad de que mis actos habían de ser, a la fuerza, trazados sobre surcos ya previstos, era algo que me sacaba de quicio. Hoy, más cerca ya de la otra vida, estoy más resignado. Que Dios se haya dignado darme su perdón.
                Noto cierto descanso después de haber relatado todo lo que pasé, y hay momentos en que hasta la conciencia quiere remorderme menos.
                Confío en que usted sabrá entender lo que mejor no le digo, porque mejor no sabría. Pesaroso estoy ahora de haber equivocado mi camino, pero ya ni pido perdón en esta vida. ¿Para qué? Tal vez sea mejor que hagan conmigo lo que está dispuesto, porque es más que probable que si no lo hicieran volviera a las andadas. No quiero pedir el indulto, porque es demasiado lo malo que la vida me enseñó y mucha mi flaqueza para resistir al instinto. Hágase lo que está escrito en el libro de los Cielos.
                Reciba, señor don Joaquín, con este paquete de papel escrito, mi disculpa por haberme dirigido a usted, y acoja este ruego de perdón que le envía, como si fuera al mismo don Jesús, su humilde servidor.

    PASCUAL DUARTE.
    Cárcel de Badajoz, 15 de febrero de 1937.



    KUATIAÑE'É OMOMARANDÚVA OGUERAHAUKAHA MOMBE'USYRY
    OHAI VAEKUE IJARATEE

    Karai Guasu Barrera López
    Mérida

    Karai guasu marangatuete:

                Ndaipotái rejapyhyvai aguerahaukárehe ndéve ko mombe'usyry ojepyso pukuetemíva ha hendive ko kuatiañe'ẽavei ojepyso pukuetemíva, jepe nda upéichai vaerãmo'ã. Pe ojehúva hina, umi karai Jesús González de la Riva (Nande Ruvusu oiméne oñyrõchupe, ha'e oiméne haguéicha avei che ñyrõchéve) angirũapytépe, nderehe añoite che mandu'a ha aikuaa mamópa opyta nde rekoha. Ha upévare péicha aguerahauka ko che mombe'usyry ndéve, anive haguãaguereko chendive. Ha'etevoi che rapyva che mandu'arõhína umi ahaieta vaekue pypérehe. Ha ani péichahágui ñembyasy vaipe añeñandu jave, asẽamombo mba'e, ñembyasy py'ỹietemi Ñandejára ojapetéva cherehe hikóni, ha ani ko mombe'u syrype ikuaápyrãahai vaekue opyta ojekuaa'ỹre, che aikuaa vaekue nahemby véima rire ára chéve guarãaguerahauka ndéve.
                Añeha'ãta amohesakãmie. Ambyasyrõjepe, ko'ãmandu'a amyasaĩva apytépe, hetave che rembiapo vaikue ambyaty pype, iporãva rangue, ha péichape añeha'ãse aguenohẽche apytu'ũgui ikatumi háicha, añemombe'ukuévo opaite yvypóra kuérape. Ndaha'ei vyrorei hína ko mba'e. Upévare aje pytaso mbarete amombe'u haguãmba'e ahasa vaekue aikove aja pukukue yvy apeári. Ndaha'ei che katupyrypáva che mandu'a haguãopaite mba'e ojehu vaekue chéverehe ha katuete oime vaerãhína mba'e ojehu vaekue chéve apytépe hechapyrãva, che resaraiha. Taupéicha jepe ra'e, amombe'u paite umi mba'e oje'o'ỹvaekue che apytu'ũgui ha syryrýpe che po ohai vaekue kuatia morotĩme ahávo. Oĩavei mba'e amombe'use mo'ãvaekue ha, che mbopy'ajere rupi amombe'uta jave, upemarõakirĩrĩeténte ha ko'agãhaimetéma che resarai chuguikuéra. Añepyrũkuévo ahai ko che rekove rembiasakue puku, ahechakuaa katuete oime vaerãha che rekovépe - Che mano, aipotáva Ñande Ruvusu ombopya'emi chéve - mba'e ikatu'ỹva che amombe'u mba'evéichaverõ; heta añamimdu'u ko mba'e kóvarehe, ha pe che rekove mbykymi opytáva cheverehe, ha'eta ndéve ko'ape ñándejára kurusúre, haimete hague heta jeyve apyta che kangypaite. Añandu kuri iporãvetaha añepyrũnterõha aheja pe ipahakuévo ojehútava, Ñandejára che rerahasehápeve che pógui hendive. Ha upeichaite ajapo. Ko'agãha'ete che mongueráimava kuatiaita aty amyenyhe vaekue opáichagua ñe'ẽrei ijapyra'ỹvagui. Che ko'apevéntéma ahaíta. Aipota reñamindú'u ha emohenda ne apytu'ũme mba'eichapa ohasáta ko arapy hembyvape che rekove. Ndahasy mo'ãiete ndéve remohenda sa'ima rupi ahavéta tenondé che rekovéreheve, ko koty apu'a ñembotypype, ndaiporivéima voigui mba'eguasuterei ojehu vaerãchéve.
                Che mbopy'a pererékuri, añepyrurõahai ko aguerahaukáva ndéve, amoinge rupi che akãme uperõoĩmane hague, máva oñemoĩva oñeporandu amoguahẽnepa hu'ãme ko mombe'usyry ahaipa, terãmamópa amondoho vaerãmo'ãko che rembiapo, pe ára aiporu rire hendape'ỹ, ha katu oguerekopámagui chéve guarã, mba'eichapa ajapo vaerãpe ajaposéva hína mbaretépe, pe ha’ekuéra oipota hagueichaite ajapo, ha péva ha'e peteĩmba'e che mbotarovaite vaekue. Ko'agãaguĩve aimémaramo che rekove mboypyrigui, che py'a guapyvéma. Ñandejárape ame'ẽche aguije che ñyrõhaguére.
                Ñaimo'ãche py'aguapyvéva ahaipa rire hetaite mba'e ahasa vaekue, ha, oguahẽjepi yvytu piro'ỹsaicha, omopererĩvevúi asýva chéve che apytu'ũãngata.
                Ajerovia nderehe reikumby porãvene haguãnda'eirõndéve pe ha'eséva, nda'eporãkuaa mo'ãveigui voínte rupi ndéve. Oguapy cherehe ko'agãpe che rekove rape hendape'ỹaipykúi vaekue, ha katu ndajerure veíma che ñyrõmi haguãaikove haguere. Ma'erã? Oiméne iporãveta ojaporõhikuái cherehe pe ojapo vaerã, ikatuete rupi ajevy jey umi tape vai aikundaha vaekuére, ndojapoirõcherehe upéicha. Nda jepomoĩmo'ãi chupe kuéra ani haguãche juka. Hetaite mba'e vaima ahasa aikove aja, ndahapukúiete voi ajapo haguãche ruguy raku jave añandúva. Ojehúntema vaerãpe ojehai vaekue Arakuaáve kuatia arandúpe.
                Toguahẽnde pópe, karai guasu Joaquín, ko'ãkuatia aty javeve, rehechakuaámi haguãchéve ahai haguére ride rérape. Ha hi'ãnte avei rehechakuaámi chéve, ajerure haguére ndéve che ñyrõmi haguã, ajerure ramo guáicha karai Jesús etépevoi. Che akoínte ha'e peteĩne rembiguaimi, opaite árape.
    PASCUAL DUARTE.
    Badajoz pegua ka'iraĩguive, 15 jasykoĩárape,1937 aryrõ



    CLÁUSULA DEL TESTAMENTO OLÓGRAFO OTORGADO POR DON JOAQUÍN BARRERA LÓPEZ, QUIEN POR MORIR SIN DESCENDENCIA LEGÓ SUS BIENES A LAS MONJAS DEL SERVICIO DOMESTICO

                Cuarta: Ordeno que el paquete de papeles que hay en el cajón de mi mesa de escribir, atado con bramante, y rotulado en lápiz rojo diciendo: Pascual Duarte, sea dado a las llamas sin leerlo, y sin demora alguna, por disolvente y contrario a las buenas costumbres. No obstante, y si la Providencia dispone que, sin mediar malas artes de nadie, el citado paquete se libre durante dieciocho meses de la pena que le deseo, ordeno al que lo encontrare lo libre de la destrucción, lo tome para su propiedad y disponga de él según su voluntad, si no está en desacuerdo con la mía.

                Dado en Mérida (Badajoz) y en trance de muerte, a 11 de mayo de 1937.



    MBA'EPA OJEJAPO VAERÃOHAI VAEKUE IPÓITERUPI OMANO MBOYVE KARAI
    JOAQUÍN BARRERA LÓPEZ, NDOGUEREKÓI RUPI IÑEMOÑARE,
    OHEJAPA VAEKUE MBA'E OGUEREKOMÍVA GUIVE MONJA KUÉRA SERVICIO DOMÉSTICO PEGUÁPE.

                Irundy: Aipota pe kuatia aty haipyre añongatu vaekue che mesa amba'apómi haguépe, añapytĩvaekue petei piolin ijyetemívape, ha ahai vaekue hese lápi pytãvape hera: "Pascual Duarte", pe mombo tatape pemoñe'ẽ'ỹre ojehai vaekue ha ára ohasa puku mboyve, mba'e ojejapo'ỹvaerãmemete omombe'u rupi ha ndoguerekóigui mba'evete asy ñanembo'e vaerãipype.
    Ha sapy'areínte, oime rire pe Yvategua oipota ra'e, avave ojerure'ỹre chupe péicha ojehu haguã, aipota pe kuatia aty ahaipyre ohasa rire 18 jasyho anivéma ojehapy, ha oimerõupéi máva ojuhúva ra'e, toguereko imba'erã, pe ijuhuhare tojapo chugui ojaposéva, jepe iñambue pe hembiapo che remiandúgui.

                Mérida pe (Badajoz)  oñemoañete vaekue ha omano mbotaite jave, mayo 11 árape ha 1937 aryrõ.
                A la memoria del insigne patricio don Jesús González de la Riva, Conde de Torremejía, quien al irlo a rematar el autor de este escrito, le llamó Pascualillo y sonreía.

                P.D.

    Karai Jesús González de la Riva, Conde de Torremejía amyrỹime. Ohokuévo ojukaite chupe ko mombe'usyry ohai vaekue, Pascualillo he'i ha upekuévo opukavy.

                P.D.




    (1)

                Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquellos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya.
                Nací hace ya muchos años - lo menos cincuenta y cinco - en un pueblo perdido por la provincia de Badajoz; el pueblo estaba a unas dos leguas de Almendralejo, agachado sobre una carretera lisa y larga como un día sin pan, lisa y larga como los días - de una lisura y una largura como usted para su bien, no puede ni figurarse- de un condenado a muerte.
                Era un pueblo caliente y soleado, bastante rico en olivos y guarros (con perdón), con las casas pintadas tan blancas, que aún me duele la vista al recordarlas, con una plaza toda de losas, con una hermosa fuente de tres caños en medio de la plaza. Hacía ya varios años, cuando del pueblo salí, que no manaba el agua de las bocas y sin embargo, ¡qué airosa!, ¡qué elegante!, nos parecía a todos la fuente con su remate figurando un niño desnudo, con su bañera toda rizada al borde como las conchas de los romeros. En la plaza estaba el ayuntamiento, que era grande y cuadrado como un cajón de tabaco, con una torre en medio, y en la torre un reló, blanco como una hostia, parado siempre en las nueve como si el pueblo no necesitase de su servicio, sino sólo de su adorno. En el pueblo, como es natural, había casas buenas y casas malas, que son, como pasa con todo, las que más abundaban; había una de dos pisos, la de don Jesús, que daba gozo de verla con su recibidor todo lleno de azulejos y macetas.
                Don Jesús había sido siempre muy partidario de las plantas, y para mi que tenía ordenado al ama vigilase los geranios, y los heliotropos, y las palmas, y la yerbabuena, con el mismo cariño que si fuesen hijos, porque la vieja andaba siempre correteando con un cazo en la mano, regando los tiestos con un mimo que a no dudar agradecían los tallos, tales eran su lozanía y su verdor. La casa de don Jesús estaba también en la plaza y, cosa rara para el capital del dueño que no reparaba en gastar, se diferenciaba de las demás, además de en todo lo bueno que llevo dicho, en una cosa en la que todas le ganaban: en la fachada, que aparecía del color natural de la piedra, que tan ordinario hace, y no enjalbegada como hasta la del más pobre estaba; sus motivos tendría. Sobre el portal había unas piedras de escudo, de mucho valer, según dicen, terminadas en unas cabezas de guerreros de la antigüedad, con su cabezal y sus plumas, que miraban, una para el levante y otra para el poniente, como si quisieran representar que estaban vigilando lo que de un lado o de otro podríales venir.
                Detrás de la plaza, y por la parte de la casa de don Jesús estaba la parroquial con su campanario de piedra y su esquilán que sonaba de una manera que no podría contar, pero que se me viene a la memoria como si estuviese sonando por estas esquinas. La torre del campanario era del mismo alto que la del reló y en verano, cuando venían las cigüeñas, ya sabían en qué torre habían estado el verano anterior; la cigüeña cojita, que aún aguantó dos inviernos, era del nido de la parroquial, de donde hubo de caerse, aún muy tierna, asustada por el gavilán.
                Mi casa estaba fuera del pueblo, a unos doscientos pasos largos de las últimas de la piña. Era estrecha y de un solo piso, como correspondía a mi posición, pero como llegué a tomarle cariño, temporadas hubo en que hasta me sentía orgulloso de ella.
                En realidad lo único de la casa que se podía ver era la cocina, lo primero que se encontraba al entrar, siempre limpia y blanqueada con primor; cierto es que el suelo era de tierra; pero tan bien pisada la tenía, con sus guijarrillos haciendo dibujos, que en nada desmerecía de otras muchas en las que el dueño había echado porlan por sentirse más moderno. El hogar era amplio y despejado y alrededor de la campana teníamos un vasar con losas de adorno, con jarras con recuerdos pintados en azul, con platos con dibujos azules o naranja; algunos platos tenían una cara pintada, otros una flor, otros un nombre, otros un pescado. En las paredes teniamos varias cosas: un calendario muy bonito que representaba una joven abanicándose sobre una barca y debajo de la cual se leía en letras que parecían de polvillo de plata, «Modesto Rodríguez. Ultramarinos finos. Mérida (Badajoz)», un retrato de Espartero con el traje de luces dado de color y tres o cuatro fotografías -unas pequeñas y otras regular- de no sé quién, porque siempre las vi en el mismo sitio y no se me ocurrió nunca preguntar. Teníamos también un reló despertador colgado de la pared, que no es por nada, pero siempre funcionó como Dios manda, y un acerico de peluche colorado, del que estaban clavados unos bonitos alfileres con sus cabecitas de vidrio de color. El mobiliario de la cocina era tan escaso como sencillo: tres sillas -una de ellas muy fina, con su respaldo y sus patas de madera curvada, y su culera de rejilla- y una mesa de pino, con su cajón correspondiente, que resultaba algo baja para las sillas, pero hacía su avío.
                En la cocina se estaba bien: era cómoda y en el verano, como no la encendíamos, se estaba fresco sentado sobre la piedra del hogar cuando, a la caída de la tarde, abríamos las puertas de par en par; en el invierno se estaba caliente con las brasas que, a veces, cuidándolas un poco, guardaban el rescoldo toda la noche.
                ¡Era gracioso mirar las sombras de nosotros por la pared, cuando había unas llamitas! Iban y venían, unas veces lentamente, otras a saltitos como jugando. Me acuerdo que de pequeño, me daban miedo, y aún ahora de mayor, me corre un estremecimiento cuando traigo memoria de aquellos miedos.
                El resto de la casa no merece la pena ni describirlo, tal era su vulgaridad. Teníamos otras dos habitaciones, si habitaciones hemos de llamarlas por eso de que estaban habitadas, ya que no por otra cosa alguna, y la cuadra, que en muchas ocasiones pienso ahora que no sé por qué la llamábamos así, de vacía y desamparada como la teníamos. En una de las habitaciones dormíamos yo y mi mujer, y en la otra mis padres hasta que Dios, o quién sabe si el diablo, quiso llevárselos; después quedó vacía casi siempre, al principio porque no había quien la ocupase, y más tarde, cuando podía haber habido alguien, porque este alguien prefirió siempre la cocina, que además de ser más clara no tenía soplos. Mi hermana, cuando venía, dormía siempre en ella, y los chiquillos; cuando los tuve, también tiraban para allí en cuanto se despegaban de la madre. La verdad es que las habitaciones no estaban muy limpias ni muy construidas, pero en realidad tampoco había para quejarse; se podía vivir, que es lo principal, a resguardo de las nubes de la navidad, y a buen recaudo -para lo que uno se merecía- de las asfixias de la Virgen de agosto. La cuadra era lo peor; era lóbrega y oscura, y en sus paredes estaba empapado el mismo olor a bestia muerta que desprendía el despeñadero cuando allá por el mes de mayo comenzaban los anímales a criar la carroña que los cuervos habíanse de comer.
                Es extraño pero, de mozo, si me privaban de aquel olor me entraban unas angustias como de muerte; me acuerdo de aquel viaje que hice a la capital por mor de las quintas; anduve todo el día de Dios desazonado, venteando los aires como un perro de caza. Cuando me fui a acostar, en la posada, olí mi pantalón de pana. La sangre me calentaba todo el cuerpo. Quité a un lado la almohada y apoyé la cabeza para dormir sobre mi pantalón, doblado. Dormí como una piedra aquella noche.
                En la cuadra teníamos un burrillo matalón y escurrido de carnes que nos ayudaba en la faena y, cuando las cosas venían bien dadas, que dicho sea pensando en la verdad no siempre ocurría, teníamos también un par de guarros (con perdón) o tres. En la parte de atrás de la casa teníamos un corral o saledizo, no muy grande, pero que nos hacía su servicio, y en él un pozo que andando el tiempo hube de cegar porque dejaba manar un agua muy enfermiza.
                Por detrás del corral pasaba un regato, a veces medio seco y nunca demasiado lleno, cochino y maloliente como tropa de gitanos, y en el que podían cogerse unas anguilas hermosas, como yo algunas tardes y por matar el tiempo me entretenía en hacer. Mi mujer, que en medio de todo tenía gracia, decía que las anguilas estaban rollizas porque comían lo mismo que don Jesús, sólo que un día más tarde. Cuando me daba por pescar se me pasaban las horas tan sin sentirlas, que cuando tocaba a recoger los bártulos casi siempre era de noche; allá, a lo lejos, como una tortuga baja y gorda, como una culebra enroscada que temiese despegarse del suelo, Almendralejo comenzaba a encender sus luces eléctricas. Sus habitantes a buen seguro que ignoraban que yo había estado pescando, que estaba en aquel momento mismo mirando como se encendían las luces de sus casas, imaginando incluso cómo muchos de ellos decían cosas que a mí se me figuraban o hablaban de cosas que a mí me ocurrían. ¡Los habitantes de las ciudades viven vueltos de espaldas a la verdad y muchas veces ni se dan cuenta siquiera de que a dos leguas, en medio de la llanura, un hombre del campo se distrae pensando en ellos mientras dobla la caña de pescar, mientras recoge del suelo el cestillo de mimbre con seis o siete anguilas dentro!
                Sin embargo, la pesca siempre me pareció pasatiempo poco de hombres, y las más de las veces dedicaba mis ocios a la caza; en el pueblo me dieron fama de no hacerlo mal del todo y, modestia aparte, he de decir con sinceridad que no iba descaminado quien me la dio. Tenía una perrilla perdiguera -la Chispa-, medio ruin, medio bravía, pero que se entendía muy bien conmigo; con ella me iba muchas mañanas hasta la Charca, a legua y media del pueblo hacia la raya de Portugal, y nunca nos volvíamos de vacío para casa. Al volver, la perra se me adelantaba y me esperaba siempre junto al cruce; había allí una piedra redonda y achatada como una silla baja, de la que guardo tan grato recuerdo como de cualquier persona; mejor, seguramente, que el que guardo de muchas de ellas. Era ancha y algo hundida y cuando me sentaba se me escurría un poco el trasero (con perdón) y quedaba tan acomodado que sentía tener que dejarla; me pasaba largos ratos sentado sobre la piedra del cruce, silbando, con la escopeta entre las piernas, mirando lo que había de verse, fumando pitillos. La perrilla, se sentaba enfrente de mí, sobre sus dos patas de atrás, y me miraba, con la cabeza ladeada, con sus dos ojillos castaños muy despiertos; yo le hablaba y ella, como si quisiese entenderme mejor, levantaba un poco las orejas; cuando me callaba aprovechaba para dar unas carreras detrás de los saltamontes, o simplemente para cambiar de postura.
                Cuando me marchaba, siempre, sin saber por qué, había de volver la cabeza hacia la piedra, como para despedirme, y hubo un día que debió parecerme tan triste por mi marcha, que no tuve más suerte que volver sobre mis pasos a sentarme de nuevo. La perra volvió a echarse frente a mí y volvió a mirarme; ahora me doy cuenta de que tenía la mirada de los confesores, escrutadora y fría, como dicen que es la de los linces... Un temblor recorrió todo mi cuerpo; parecía como una corriente que forzaba por salirme por los brazos. El pitillo se me había apagado; la escopeta, de un solo caño, se dejaba acariciar, lentamente, entre mis piernas. La perra seguía mirándome fija, como si no me hubiera visto nunca, como si fuese a culparme de algo de un momento a otro, su mirada me calentaba la sangre de las venas de tal manera que se veía llegar el momento en que tuviese que entregarme; hacía calor, un calor espantoso, y mis ojos se entornaban dominados por el mirar, como un clavo, del animal.
                Cogí la escopeta y disparé; volví a cargar y volví a disparar. La perra tenía una sangre oscura y pegajosa que se extendía poco a poco por la tierra.



    (1)

                Che, karai, na che tie'ẽi, jepe hembypa mba'e ikatu vaerãmo'ãche mboheko ñaña. Maymáva yvypóra peteĩchapa ñande pire, ñane reñóiguive arapype, ha upéi, jakakuaa kuévo jahávo, ñande rekove mbyja ypy araityguirõguáicha ñande apo juavypá. Ha ñanemyaña umi tape sarambi ñande guerahapáva ñanemoguãhe meve ñande rekove omohu'ãmbahápe hi'ara peteĩchapaite. Oĩñande rapicha kuimba'epe oñemondóva oguata haguãyvotytýre ha oĩñande rapicha kuimba'epe oñemondóva oguata haguãamba'y ha karaguatatýre. Umi vvotytýre oguatáva ima'ẽpy'aguapy asy ha pe vy'apavẽryakuãoñandúva ohesape hovami pukavýpe; umi karaguatatýre oguatáva, oñandu okambúrõhetére kuarahy aku rendy ha ombohova pochy chupe umi mymba ñarõoĩhape hekovére orairõséva chupe. Tuicha iñambue, rembojeguarõnde rete araipytãmimbipe ha umi mba'e hyakuãasývape; terãrehaiparõnde pire teko asýgui, upéi mba'eveicharõndoje'ovéimava araka'eve.
                Aremíma ojapo hina aju hague ko yvy apére - oiméne ojapo hína 55 ary mba'e - che reñoĩvaekue peteĩtáva kañyhapemi opytáva Badajoz jerére. Opyta ko táva dos leguas Almendralejo gui. Oñakaitymi peteĩjeguataha isyĩha ipukúva ha'ete umi ára neko'ẽjave ndererekói, re'u ha rey'umi vaerã. Isyĩha ipuku ha'ete umi ára ojoysýire ohecháva ohasa umi oikuaámáva katuete omanotaha. Ndéve, iporãvéta voi ndereikuaái ha iporãve vaerãvoi nereñeha'ãi remyesakã, mba'eichapa isyĩha ipuku ko mba'e.
                Ohesape vaekue ko táva kuarahy pytu aku ha iñasaĩpype olivo ty há ijaveve oñemuña kure (Aníke rejapyhy vai ko ha'eva), umi óga kuéra morotĩmba joa ha ko'agãche mandu'arõha'ete che resa ko'õva, oguereko peteĩokarusu távagua ijatyha, ita jeguaka memete ojeguataha. Ha mbytetépe oĩpeteĩyvúicha, oñehẽva mbohapy hendágui ypiro'ỹsãasy. Heta ary ojapo rirema asẽvaekue távagui aha, ikãvaekue pe y'okarusúpe. Ha katu jepéma hypa ra'e pe y'ro'ỹsãoñehẽmi vaekue upépe, ¡mba'eichapa jepiguáicha ha'ete ñanembovevúiva!, ¡mba'eichapa jepiguáicha ha'ete ñanembohekove roryva!, maymávape ha'ete pe y'no'õrendague opytáva, peteĩmitãra'ymi opivo, oĩva hina mba'eyrumi ijeguakáva ojahutahápe, oñemo'ãva roméroita potykuru kuarahy'ãme. Ayuntamiento opyta okararusu oĩhápe, tuicha ha ijyke jehe'a irundy hendápe, ha'ete umi petỹryru . Mbytépe opu'ãpeteĩóga yvate. Ha pe óga ru'ãmbytetépe oĩpeteĩára papaha (reló), morotĩsakãva mbujape karaícha. Opyta pe ára rechaukaha porundy aravópe, tavaygua noikoteveĩramo guáicha pe aravo kuaáre ha katu jeguakamirõnte oguerekóva upépe, jepe ra'e péichante vaerãvoi. Ko távape oĩ, óga iporãva ha óga ivaiva. Ha akointe ojehu tapia háicha, ko'ãva pe hetavéva; oĩpeteĩóga opu'ãva ojo'ári yvategotyo, karai Jesús mba'e. Hóga ñanembovy'a jahecharõpe ñaguãhẽhape henyhetéva yvotyeta ha ita ijeguakapáva memete.
                Karai Jesús niko peteĩtapicha ohayhúva hekóitépe opáichagua yvoty ha pohãñana, ha chéverõguarãha'e he'i jo'a jo'a voi; kuñakarai hógare oñangarekóvape, hakate'ỹhaguãmayma geranio, heliotropo, ha umi karanda'y, ha avei hierbabuena rehe. Ohayhu vaerãko'ãpohãñana ha ko'ãyvoty, jahayhu háicha ñane ñemoñare. Che péicha añandu, ahecha rupi jepi pe kuñakarai hógare oñangarekóvape, ou ha ohorõmba'eyru ipópe, ñemokunu'ũme omyenyhe y'gui pohãñana ha yvoty ryru, ha ko'ãva upéi ñaimo'ãvoi ovy'aitereígui hoguepu'ãmbáva, upéi hovyũha potĩasy opyta. Karai Jesús róga opyta okarusúpe avei. Ha nameméi jahecha péicha iviru hetáva, nomomba'eiva pe ipira pire oiporúva, iñambue mayma itáva peguágui, umi mba'e porãamombe'uma vaekue hese ári, peteĩmba'epe ñoite ijyvytu hese umi ijerére oikóva: hóga renonde, opyta pe ita oñemohenda ypy haguéichante ha ha'etéva ku ñama'erõhese umi taperekue, ha opyta umi óga imboriahuvéva apytépe ndoguerekói mba'eve iporãmiva ombojeguáva chupe; karai Jesús oiméne oikuaa mba'erépa. Hóga rokẽguasu ãri, oĩpeteĩita ojuajupáva, oikuaaukáva hekove ypy rapekue, hepy añetemi rasáva, oje'e háicha opárupi. Pe ita ojuajupáva oñemopyrenda yvyra ári ha osaĩngo joa hese guyra rague jeguakarõojejapo vaekue, ha hi'ari oñemopu'ãheta ñorairõme ikatupyry vaekue ymave ra'ãnga, omaña joáva peteĩKuarahy Resẽvo ha ambue Kuarahy Reikévo. Hi'ãvaicha chupekuéra ohecha mombyry guive ha ohenonde'a pe ojehútava hína tenonderãve, peteĩterãambue ára mboypýri, heruguãme oñapymíva.
                Okarusu kupépe, ha karai Jesús róga ykére, opyta tupão távapegua, oguerekóva itapu renda ha pe ita mbopuha, ombohyapurõitapu, ko'agãche mandu'arõndaikuaái mba'eichapa amombe'uta jepe ra'e hina, che akãngatúpe jepiguáicha ahendu hyapurõãguieténte umi tape juasa aguata haguérupi. Itapu renda yvate oĩpe ára papaha javeve ha oguahẽvove ára haku, ou joáma vaekuémi tujuju kuéra (cigueña), oikuaáma voi moõpa ojaitypo raka'e hikuái pe ary ohasa vaekuépe; pe tujuju hetyma mbyky juavýva, mokoĩro'yve ohasa vaekue gueteri, ojehupapómi vaekue tupão ahoja pepo guýpe, upéi peteĩárape ho'amí anga, hekove kyrýi porãite gueteri uperõ. Omondyi ra'e chupe peteĩtaguato.
                Che róga opyta namombyryi távagui. Pyrũjepyso porãme, oiméne 200 guatahápe mba'e rehovaerãumi óga aty pahague oĩvagui. Che róga ndatuichái ha ikarapemi, cheichagua mboriahu peguarãijapopyre, ha aju vaekue ahayhu, oguahẽvoi ára ajeroviaitemi che chejehe, aguereko haguére peichagua che rógatee.
    Ja'etarõañetegua, pe mba'e tenondete jahecháva che rógape hina pe tembi'u oñembojyha, jaikévo ogapýpe opyta, hese raẽvete jajekutu. Jepiguáicha ipotĩha hesakã, ome'ẽpy'a rory; pe hyepýpe, yvyeténte iñasáĩrepyrũhaguã, ita ra'ỹimíme ijeguaka ha'etévami ta'ãnga, mba'evete asype noñemomirĩrĩumi óga ijára kuéra pórlan rykuépe omoapesyĩvaekue, ohupitységui umi óga pyahu tavaguasúpe oñemopu'ãjoávape. Ore rógapy roguerekohápe rojatapyha, tuícha ha ijyvate ha ijerére opu'ãtembiporu renda, itape ojeguapáva hi'ari oñemohenda y'ryru, hovy asýva ñande apytu'ũme mandu'a iñongatupy jaguerekovaicha; ña'ẽmbe opáichagua, ojegua joáva pira ra'anga, yvoty porãporãha mayma mymba ñanemoirũtapiávape. Ore róga parére heta mba'e avei romosaingo: peteĩára jasy papaha (calendario), pype oĩpeteĩmitãkuña ra'ãnga ojepejúva hina peteĩygápe. Ha pe mitãkuña poraĩte guýpe ojehai ñahesa'ỹijo haguã, péicha: "Modesto Rodríguez. Ultramarinos finos. Mérida (Badajoz)", Avei osaĩngo parére Espartero ra'ãnga, ijao mimbipa ha hendive oĩve mbohapy terãirundy ta'ãnga - Oĩmichĩha tuichamiéva - ndaikuaái mávanepa ha'ekúera. Aikóinte che ahecha tapia oĩpe oĩhápe ha araka'eve ndoikéi che apytu'ũme aporandumi haguãmávapa. Ore róga parére avei osaingo peteĩara papaha (reló), okéva mombayha; ndaipóri ñamomorãmi vaerãhese ha katu ha'e oikónte ore apytépe oipota háicha Ñande Ruvusu. Oĩavei peteĩmba'e havijupáva (peluche) ha pytãngy oñeñongatuha ju opáichagua. Ogapýpe, ore atyhápe rokaru, ndaipóri remombá'e guasúeterei vaerã: oĩmbohapy apyka, peteĩipo'i puku, rejekoha ha hetyma kuéra, ojejapo yvyra oñekytĩapu'avapágui, ha reguapyha ojejapo karanda'y rogue oñembojuaju kytã'í kurusupávagui. Ha oĩmesa, pinogui japopyre. Oguereko tembiporu reñongatu haguãpeteĩcajón. Ha jepe ikarapetemi umi apyka renondépe, ome'ẽporãjakaru haguã.
                Ko koty ojekaruhápe jahasa porãiterei, reime reimeseháicha ha ára haku jave, ndorojatapývei voi pype ha pe ita ho'ysãasýva ári roguapy joa ka'aru pytũjave, oĩva okẽroipe'apa, ipiro'yve haguã; ro'yjave, rojatapy ita jerére, ha pe tatápe rombyaku koty ojekaruha, ha py'ỹive, roñangarekorõpe tata'yre, iko'ẽoréve pe tanimbukuápe, tata pague rakuvy.
                ¡Orembovy'aitemíva niko rohecharõomyi pe ore ra’ãnga parére, pe tata pague rendýpe! Oho ha ou ore ra'ãnga parére sapy'ante mbeguekatu asy, sapy'ante katu ha'ete ñembosaraihápe opopóva ápe ha pépe oñondive. Yma che mitã'imíme che mandu'a, mba'eichapa ko'ãmba'e che mongyhyje, ko'agãche mandu'a jeývo che tuicha rire, che mopirĩpe kyhyje uperõañandu vaekue.
                Pe ógape upéi ndaipóri veíma ikatúva ñamombe'u etereíve, mba'evete voíko avei ndoguerekói ñamomorãmi vaerãhese. Roguerekómi vaekue mokoĩkotyve, koty ja'e hesekuéra oĩre pype oikóva, mba'evete asýpe upéi peicha nañahenoikuaái, ha roguereko avei koty, mymba rendãvante voi, ha hetave jey añeporandúva che mba'erépa rohenói chupe koty, ko nandi ha pore'ỹme roguerekóva jepi heta ára. Peteĩva umi kotýpe rokémi che ha che rembirekó; ha ambue kotýpe che ru ha che sy, oguerahápeve chupekuéra Nande Ruvusu, ha mamópiko jaikuaa ndaha'eipa aña voí ra'e ipopa'ãva hesekuéra. Upéi opyta nandi tapia, tenonderã, ndaipóri véigui pype oiko vaerãha ohasa rire heta ára, oĩmarõoikovaerãpype, ko máva opytánte oiko koty ojekaruhápe, pépente opytase pe tapicha, ojuhúgui hesakãporãve ha ndoipejúi yvytu po'i. Che reindy, oújave okémi avei upépe, ha umi che ra'ymimi, ou riremínte ko yvy ape ári, opo'orehe isýgui, koty ojekaruhapénte avei ohopa hikuái. Ja'etarõhendaitépe, ko'ãkoty kuéra ndaha'ei voi la ipotĩetereíva ha sarambípe ojeguereko, jepe upéicha, mba'ere avei ñamomba'e guasúta; tapia ikatu jaikove pype, péva la he'iséva, reimekuaa pype kañyhápe, ani nde retére oguapy ro'y, okukúíva áragui Navidad árape, ha avei nde rekove mbohasa porã-Ma'erãjaikove asyse- ára pytu hakuvójave agostorõ, la Virgen árape. Pe koty mymba renda, ivai jeguapa; iñypytũha ñane ãnga jopy, ha umi parére opyta he'õha otimbo umi mymba omano vaekue nẽngue opu'ãvo yvykuágui pe mayo oguahẽrúpi, oñepyrũjave oĩhaguéicha mymba kuéra ipyti'u, pe hetepynẽngue, upéi yryvueta oútava ho'u hikuái.
                Ndaikuaái mba'eicha rupípa, yma che mitãrusurõ, sapy'ante nahetũvei jave pe mymba re'õngue inẽvuva, añandu che retepýpe, iñasaĩche ruguýre py'aperere ha'etéva voi che jukáta katuetéva. Che mandu'a asérõguare aha tavaguasúpe, jahechápa namoĩporãi che kuatia, aseivi haguãche rétã: aju ha aha, agotyo pegotyo, Ñande Ruvusu ára rendy che rerahahápe, umi jagua ñarõicha añetĩrupi pe yvytúre, jahechápa nahetũi yvytu pepóre pyti'u nẽohechagá'uva che rete. Aha uperõupéi tupápe añeno, pe apytatahápe ake, añepyrũahetũche kasõpana ryakuã. Añandu haku pupúrõche retepýpe, che ruguy. Upemarõaipe'a che aramboha che akãguýgui ha añemoakãngyta che kasõme. Ambyapu'a porãasyete ha amoĩhi'ari che akã. Itáicha ake upe pyharépe che.
                Koty mymba rendápe roguereko peteĩchávurro'i ikaráchapáva, ikãngue mante overáva hese, ore pytyvõtapiáva opaite mba'e rojapomivape ha, sapy'ante ho'a porãmí jave, jepe ra'e hina, ja'etarõañetegua, nameméi ojehu, roguereko avei mokoĩkure (Aníke rejapyhy vai che ñe'ẽ), hi'ãchéve mbohapy hína. Ore róga kupépe roguereko peteĩkora (saledizo) ndatuicháiete, ore pytyvõporãva avei ore rembiapópe, ha hy'epýpe peteĩyvu pypuku rojo'o vaekue, heta ára roiporu rire che amboty vaekue, ou marõpe yvu, ityaipa ha inẽ.
                Ore róga kora kupépe ohasa peteĩyno'õky'asyry, oĩára osyry sogue sogue ha oĩára isyry haĩme haĩme henyhẽ, hyakuãjeguarúva umi gitano rekoháicha, ha pe ysyry tujukuágui roguenohẽmi mbusu porãporã, che ajapómi vaekue ko'ãmba'e ka'arúkue, ambohasa haguãvy'a'ỹ. Che rembireko, opaite mba'e pa'ũme heko juky sapy'a py'ava, he'ivaerãchéve umi mbusu okakuaa porãjoa hague, ho'u rupi karai Jesús ho'uvaekue peteĩára, ohasa rire. Oguãhẽjave ára aha apira kutuse, nañandúi ára ohasarõ, upévare añemoĩnguévo ambyaty umi mba'e aiporúva ajevy haguãche rógape, pytũmbaitéma che ári, peteĩkarumbe karape kyráicha, terãmboi apakuapy okyhyjerõguáicha oñemomyĩhaguãhendágui, Almendralejo, oñepyrũohesapepa pyhare. Mayma pype oikovéva katuete oimévaerãndoikuaái apirakutu vaha che ko'arupi, ha amaña jepiha aimeha guive mba'eichapa hendypa joa hogapy kuéra, ovevévo che apytu'ũgui umi mba'e pe távape he'ijoáva hikuái, che akãme arémá ojaitypo vaekue, terãoñe'ẽjoáva umi mba'ere, chéve ymáma hesakãreipáva. ¡Mayma Távaguasúpe oikovéva guive, oñemboatukupe teko añetégui ha heta jeyve okañyete heságui kuéra dos leguas hápe, yvype ñu mbytére, peteĩokarayguami tapicha oñembohekove kyre'ỹva, imandu'a jave hesekuéra ombyaty aja ipira kutuha, ohupikuévo yvýguí ajaka'i poteĩterãpokoĩmbusu pype!
                Ko'á ha'é vaekue rovái, chéveroguarã, pe pirakutu ha'eha peteĩtembiapo kuimba'e ojapóva tekorei ombohasa haguãnte. Upévare, ndaguerekói jave che rembiaporã, ijami jave chéve, asẽma aha ajuka tymba ka'aguy, távaygua che moherakuãche katupyryha mymba jukápe, ha nañembo tuichaseirõjepe, ha'emitamante péicha he'iva cherehe; ndojavýiha. Aguereko peteĩjagua'i kuña tymba muñaha- Chispa héra- heko ensuguy ha iñarõnunga avei, ha katu rojogueraha porãmokoĩve. Che ahámi hendive pyharevekue Charca pe, opyta "una legua y media" ore rekohágui, Portugal yvy opaha ypyetépe, ha marõndorojevýiva ponandi ore rógape. Ha rojukuévo, tapére pe jagua'i kuña, mombyry oñemotenonde cherehe ha upéi katuete che ra'ãrõtape ojuasahápe; upépe oĩpeteĩita apu'a yvate ha ipéva hu'ãme umi apyka karapéicha, ñongatupy aguerekóva che mandu'ape máva agueromandu'ava apytépe, agueromandu'a porãitevéva voi heta yvypóra ñagueromandu'a porãvagui. Ko apyka ita, ipe ha ipyguami ha aguapy kuévo hi'ari osyryry huguápe che reviro'o (Anike rejapyhy vai) ha opyta hendaguetépe oirõguáicha, upéi ipahápe nopu'ãse véima voi upegui, arémi apyta aguapy ita ári pe tape juasápe, turuñe'ẽhápe, mboka che retyma kuápe, ahecha'mi vaerã, apita timbo aja. Pe jagua'i kuña oguapymi vaerãche renondépe, mokoĩve ipy hapykuepegua ári, ha oma'ẽcherehe, oñemoakãvami ijykévo, mokoĩhesa ma'ẽsaraki ohesape cherehe; che añe'ẽchupe ha ha'e ha'ete che rendu porãsevégui, omopu'ãkangymi umi inambi kuéra; akirirĩjave ha'e osẽoho oñani tuku rapykuéri, terãoheka mba'eichapa oñemoi porãveta.
                Aserõaha, akoínte, ndaikuaái mba'erepa, katuete ajere ama'ẽpe ita aguapimi haguérehe, ku ipaháma ahechaverõguáicha, ha oĩkuri peteĩára ha'etéva pe ita ajepokuaáitémi hague, rasaite oñembyasýva amopore'ỹvo chupe, ha upemarõajevy jeýmante che rapykuerére, aguapymi haguãhi'ari. Pe jagua'i kuña ou jey oguapy che renondépe ha omaña pyahuete che rehe; ko'agãahechakuaa hesa ruguápe oguerekoha umi máva omombe'ukáva ndéve remombe'use'ỹva avavéichaguápe, pe jagua'i kuña resa rendy ojekutu che rekovepýre ha oipyguara huguaitépeve oje'e háicha ojapoha hesa rendýpe umi jaguarete'i... Añandu oryrýirõche rete, che pýguive che akãmeve; ha'ete osyryva che retepýre peteĩtata rendy osẽséva che jyva kuéra apýrarehe. Cigarrillo apita vaekue hína oguéma ra'e; che mboka ijuru peteĩva, ojepichyuka mbeguekatu asy, che retyma pa'ũme. Pe jagua'i kuña oñemoĩomaña hesa pirĩ'ỹre, ku araka'eve che recha'ỹrõguáicha, ku ajapovaitarõguáicha hese mba'eve'ỹre, péicha háguinte mba'e jajápo'ỹvaerã, ha pe ima'ẽche mbohuguy raku ñepyrũ, añandúgui hese katuete che mombe'utaha umi che moka'iraĩsévape; mbyry'ai tarova, ára haku pupu, ha che ropepíre nda che pu'akái, omokangy chehegui pe jagua'i kuña ma'ẽ, mba'ẽhakuáicha, pe mymba oikutúva cherehe.
                Aipyhy che mboka ha ambokapu; amboahy'o jey ha ambokapuve. Pe jagua'i kuña ruguy aisy pytãtyai vai osyry ohóvo mbeguekatu yvy ári.

  • CINTIA CAÑETE DE ESTAY - EL CATAFALCO (1er premio Concurso de cuentos Club Centenario 2011) / Fuente digital: http://neurita.blogspot.com 27 Dec 2011 | 9:12 pm LETRAS PARAGUAYAS - POESÍA, NOVELA, CUENTO, TEATRO, ENSAYO

    


    EL CATAFALCO

    (1er premio Concurso de cuentos Club Centenario 2011)

    Cuento de


    Abro los ojos y cuento.
    Seis listones de madera se insinúan bajo el colchón viejo del catre.
    Otra vez el mismo sueño.
    Pensé que nunca vería algo peor y me equivoqué como suele ocurrir siempre con la vida, dispuesta en todo momento a demostrar que puede hacer con nosotros lo que quiera. ¿O esa era la muerte?
    Cada madrugada, viene el tiempo aristarco a sentarse en mi cama y le pregunto si es mi catre el incómodo o soy yo el chungo. Tengo frío. Me doy vueltas estirando la frazada aunque sé que hay fríos irrefragables. Como este metido en mis huesos.
    Me hubiera gustado morir aquel día para no vivir esto. Este errar marchito que no se decide, como si matarme le diera pereza.
    Cuento los tejuelones sobre mi cama. Dieciocho. Lo sé de memoria.
    -Nos mintieron. La faramalla del patriotismo nos engañó- pienso mientras me arrastro por ese pajonal inmenso.
    Hace dos días que camino solo en este calvero sin fin. Vengo escapando de un paredón de fusilamiento. Al principio me impulsaba el susto de haberme fugado, corría descontrolado como si las piernas no pesaran. No sentí las espinas, ni las piedras, ni las desigualdades del terreno. Tenía las retinas impregnadas de las balas trucidando los pechos de otros iguales a mí, el manchón carmesí que se extendía en sus casacas y los ojos vacíos que miraban sin ver.
    Rebusco entre mis recuerdos un atisbo luminoso. Nada. Todo lo ocupa este sofoco de desierto.
    La urgencia de mi vejiga me conmina a pararme. Ya es tarde. Mi cuerpo ya no me escucha. Ha cortado el cordón umbilical que lo unía a mi mente y tiene su propio parecer. Quedo envuelto en un charco vergonzante que me obligará a sufrir los malos modos de las enfermeras.
    Con esfuerzo me siento y miro los bultos dibujados por la luz que se cuela en la ventana. Están soñando con un pasado que pueden atrapar por algunas horas. El presente no vale la pena.
    Y a veces tampoco el pasado.
    Como otros, había llegado luego de correr escapando del silencio de mi pueblo. Un pueblo igual al de todos los demás. Donde el polvo del olvido se acostaba sobre los muebles y las almas. Donde la quietud no era calma sino opresión.
    La aventura estaba allá. Donde estaban los valientes.
    Carajo.
    -Carne de mula y anguilas de barro. Eso si teníamos suerte- digo en balbuceos mientras siento el escozor del sol en la cabeza- sino cuero de vaca hervido.
    Por lo menos me tocó un fusil de los buenos. Había visto las consecuencias de los fusiles españoles en mi mesnada. Brazos terminados en muñones y sendas de esquirlas surcando los rostros. Accidentes dijeron.
    Sigo caminando a no sé dónde. Esta exhalación de averno dibuja mentiras en mis ojos.
    Alguien se remueve en la oscuridad con un quejido. El espinazo viene de haber caminado por leguas y leguas de vida. Cada odio, cada amor, cada abandono se selló en calcio y duele.
    Con dificultad me paro y siento todo el peso de los años en la espalda. Mis pantalones están mojados pero no sé dónde hay otros. Voy tanteando el pasillo oscuro hacia la galería luchando con las nubes que se fueron colando en mis ojos. Treinta y cuatro pasos.
    Aquí está la muerte. Huelo el miasma de su aliento escociéndome la nuca. Siento la lengua hinchada que no me deja respirar y mis pies son un pedazo de carne sanguinolenta.
    Me abandono al sueño de la asfixia y caigo. Bultos. Es lo último que vi en la aridez de ese purgatorio inmenso donde peleamos.
    Ahí está mi silla y la de los demás. Me siento a esperar aquí la pitanza del día. Sé que tengo que contar hasta diez mil cada vez para que vaya cambiando sobre mi regazo; un mate amargo, un cocido aguado y un poco de arroz.
    Empecé esto de contar cosas cuando al principio contaba los días que faltaban para que vengan a verme. Las visitas se espaciaron y conté semanas. Cuando llegué a los meses decidí contar más cosas para matar el tiempo pero ahora él me cuenta a mí para matarme.
    Seis listones. Dieciocho tejuelones. Treinta y cuatro pasos. Diez mil segundos.
    Me despierta una cellisca fría que moja mi lengua reseca y respiro otra vez. A mi alrededor sigue el desierto. Estoy en una sentina junto a ellos. Arrumbados en todas partes como títeres olvidados de un circo vesánico.
    Nadie me preparó para esto. Para el desamparo y el miedo. Para el horror.
    Los labios partidos. La piel pegada a los huesos y los ojos hundidos. El rictus de la agonía inficionando aquellos rostros.
    ¿Dónde estaba la bendita patria? ¿Dónde la gloria y el heroísmo?¿Acaso valdrían las medallas entregadas a madres y viudas?
    El rival fue superior. No necesitó de balas ni bayonetas. Fue consumiendo cada hálito en una batalla lenta y silenciosa de la que nadie podía escapar.
    Sed. Muertos de sed.
    No había gloria. No habría banderas cubriendo ataúdes. Este inmenso catafalco se devoraría sus huesos y sólo serían olvido.
    Pero yo los recuerdo. Porque cuando la vida se pasa y ya no fabricamos recuerdos recordamos.
    Paso mis días contando. Yendo de la silla a la cama, con los huesos adoloridos por el tiempo y el frío del desamor. Nadie me visita. Nadie me habla. Nadie recuerda.
    No logré escaparme. Sólo fue una larga tregua. También me alcanzó el olvido en este panteón de la soledad.
    Vivo en un catafalco que llaman geriátrico; donde los cadáveres nos despertamos cada mañana para sabernos solos, que es lo mismo que decir muertos.


    Registro de enlace: Diciembre 2011

  • LA SINFÓNICA NACIONAL CIERRA SUS ACTIVIDADES DEL AÑO 2012 16 Dec 2011 | 4:48 pm LETRAS PARAGUAYAS - POESÍA, NOVELA, CUENTO, TEATRO, ENSAYO

    



    LA SINFÓNICA NACIONAL

    CIERRA SUS ACTIVIDADES DEL AÑO 2012



    Este fin de semana la Orquesta Sinfónica Nacional del Paraguay (OSN), de la Secretaría Nacional de Cultura y cuyo director titular es el Maestro Juan Carlos Dos Santos, cerrará  sus actividades del 2011 con importantes  presentaciones.



    “MANECO SINFÓNICO”, en  San  Bernardino: Este viernes, 16 de diciembre, a las 20:00 hs., la OSN Paraguay estará presente en la Inauguración de la  Ciclovía  y Apertura de la Temporada Veraniega, de la ciudad de San Bernandino. El evento cuenta con la organización de la Municipalidad de la mencionada ciudad y cuenta con el apoyo de la Comisión Nacional del Bicentenario.

    “Maneco Sinfónico” es un trabajo realizado con el Grupo Sembrador,  en el cual la OSN le da el toque sinfónico a las famosas obras del popular compositor  paraguayo Félix  Roberto “Maneco” Galeano. Fue exitosamente estrenado el pasado 9 de diciembre de 2010, en el Gran Teatro “José Asunción Flores”, del Banco Central del Paraguay, en conmemoración a los 30 años del fallecimiento del recordado Maneco. Este gran espectáculo ahora podrá ser apreciado por el  público en esta conocida ciudad  veraniega.




    GRUPO SEMBRADOR




    “GRAN CLAUSURA DE LA TEMPORADA 2011”: Este sábado, 17 de  diciembre del corriente, a las 20:30 hs., la a Orquesta Sinfónica Nacional del Paraguay (OSN) brindará su Décimo Tercer Concierto “Gran Clausura de la Temporada 2011. Será en el Gran Teatro “José Asunción Flores” del Banco Central del Paraguay (BCP).  La entrada será libre y gratuita.

    En la oportunidad la OSN, dirigida por el maestro Juan Carlos Dos Santos, homenajeará a dos renombrados compositores paraguayos interpretando sus creaciones más conocidas. Ellos son: Juan Carlos Moreno González, de quien se conmemora los 100 años de su nacimiento, y Maneco Galeano, a 31 años de su tempranera muerte.

    Se  contará con la prestigiosa presencia del GRUPO SEMBRADOR, fundado por Maneco Galeano, de la soprano CAROLINA LÓPEZ KENNEDY y del tenor MARCOS VILLALBA GIANGRECO; quienes con su aporte vocal darán realce al evento.

    En la primera parte se escucharán obras de Juan Carlos Moreno González como: Obertura de “María Pacurí”, Pequeña suite orquesta, Vals de la primavera,  y Debe ser ella paraguaya. En la segunda parte los presentes podrán deleitarse con la Obertura Sinfónica, (arreglo y orquestación de Remigio Pereira sobre obras de Maneco Galeano); además el grupo Sembrador, siempre con la OSN, interpretará las más conocidas creaciones del recordado Maneco, entre las que se encuentran: Para un rostro labrador, La Chuchi, Ceferino Zarza compañero, Soy de la Chacarita, Dos trocitos de madera, y Despertar.

    Los conciertos de la OSN, de la Temporada 2011, se concretan en el marco de un convenio  de cooperación mutua entre el Banco Central del Paraguay y esta Institución.

    Esta y otras actividades similares pueden llevarse adelante con el respaldo de la Secretaría Nacional de Cultura, la Municipalidad de Asunción, y  entidades amigas que apoyan la cultura. Son sus presentadores oficiales: El Hotel Guaraní Esplendor, Asunción Vanpack; Ateneo Paraguayo, Microsystems; Show Time, Unión Libanesa, y Villandry Flores.




    MARCOS VILLALBA (TENOR)




     * ACERCA DE LOS HOMENAJEADOS Y SUS OBRAS:

    JUAN  CARLOS MORENO GONZÁLEZ (1911 – 1983)
    Descendiente de una familia de intelectuales, desde niño sintió vocación por la música. Se formó en Buenos Aires (Argentina) y en San Paulo (Brasil) con destacados maestros. Fue director del Ateneo Paraguayo, del Conservatorio Municipal de música y Director de Cultura de la Municipalidad de Asunción.

    Su “Pequeña suite para orquesta” comprende 4 partes de gran belleza melódica. La pieza “Junto al Piraretá” forma parte de esta suite; en la cual se describe una escena de amor a orillas de los Saltos del arroyo Piraretá.

    En la década del 1950, junto al autor teatral  Manuel Frutos Pane, creó la zarzuela paraguaya, género derivado de la zarzuela española con motivos típicos del ambiente campesino de nuestro país. Una de las zarzuelas paraguayas más célebres es “María Pacurí”, de la que se escucharán los fragmentos más destacados.

    De igual modo también compuso obras como: El poema sinfónico “kuarahy Mimby”, Movimiento de concierto para piano, Cuarteto de cuerdas  y una amplia producción de piezas para piano.

    Recordando los cien años del nacimiento de este eximio compositor compatriota está noche los presentes podrán apreciar algunas de sus obras.

    FUENTE:
    Aires Nacionales- Volumen VII-
    Ed. Sociedad Filarmónica de Asunción (SFA)



    MANECO GALEANO (1945 – 1980)
    Su nombre real es Félix Roberto Galeano. Cantautor y periodista deportivo,  formó parte de los primeros grupos de compositores compatriotas de música popular alineados en la corriente de la Nueva Canción Latinoamericana y cuya vertiente en Paraguay se conoce como “Nuevo Cancionero”.

    Su relación con la música comenzó en 1962, en Buenos Aires, Argentina, donde formó, junto a otros jóvenes músicos paraguayos, un conjunto orquestal. De regreso al país se dedico al periodismo deportivo y a componer canciones con temas sociales. Fue miembro de la “Joven Alianza”, cooperativa de creadores y artistas disuelta debido a persecuciones políticas.

    En 1973 integra el  Quinteto Vocal de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional con el que obtuvo el Primer Premio en Festival Universitario de la Canción con el tema de su autoría: “San Si Juan No que Sí”.  Así nace el Grupo Sembrador, del cual es fundador.

    En 1980 su canción “Poncho de Sesenta Listas” obtuvo el Segundo Premio en el Primer Festival Ypacaraí. Es autor de difundidas composiciones del género, varias de ellas grabadas por solistas y grupos de Latinoamérica.

    Sus principales composiciones son: Yo soy de la Chacarita, Despertar (1973), San Si Juan No que Sí, Dos trocitos de madera, La Chuchi, El Ejecutivo, José Trombón, Pinasco, Poncho de 60 Listas, Ceferino Zarza Compañero (con Jorge Garbett), DOonde la Guarania Crece (con letra de Augusto Roa Bastos), Don José de todas partes, y otras.

    El estilo musical de Maneco Galeano se caracteriza por la sencillez de sus melodías y sus originales giros armónicos. En algunas de sus creaciones se perciben influencias de la música llamada “del litoral” (lado argentino de las riberas del Río Paraná). La mayor concentración de elementos expresivos se encuentra en los textos de su autoría; de aguda visión,  ironía y desenfado en el tratamiento de sus personajes, gran parte extraídos de sectores de la burguesía nacional y de los políticos, a quienes ridiculizó,  y por otro,  un extraordinario compromiso con las causas populares y el espíritu de hermandad latinoamericana.

    A 31 años de su fallecimiento la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), con el grupo Sembrador, le rinde su más sentido homenaje.

    FUENTE: Portal Guaraní.




    CAROLINA LÓPEZ (SOPRANO)


    CIERRE DEL CICLO CULTURAL “VAMOS AL CONCIERTO”: En la parroquia “San Francisco de Asís” (Asunción): La orquesta brindará un concierto en la parroquia “San Francisco de Asís y estará dirigida por los  Maestros Juan Carlos Dos Santos y Gabriel Graziani. El evento se realizará el próximo  domingo 18 de diciembre, a las 19: 00 hs., en el local de la antes mencionada parroquia, ubicada en Herrera casi Caballero. Así esta agrupación cierra su ciclo cultural, del presente año, denominado “Vamos Al Concierto”; el cual incluye conciertos didácticos y de extensión cultural con obras clásicas, populares y folklóricas.

    Se contará con la participación especial de la soprano  Carolina López y del tenor Marcos Villalba Giangreco.

    Así esta agrupación despide un año fructífero y altamente positivo, con lo mejor de su arte. Todas las  actividades del presente año se concretaron gracias al  respaldo de la Secretaría Nacional de Cultura, el Banco Central del Paraguay,  la Municipalidad de Asunción, y  entidades amigas que apoyan la cultura. Son los presentadores oficiales: El Hotel Guaraní Esplendor, Asunción Vanpack; Ateneo Paraguayo, Microsystems; Show Time, Unión Libanesa, y Villandry Flores.



    ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL - O.S.N.
    Oficina:
    El Paraguayo Independiente Nº 515 c/ 14 de Mayo
    Edificio Don Carlos Piso 7.
    Teléfono: (595 21) 441 333
    Asunción - Paraguay





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